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El Espíritu Santo en el Génesis Cuarta Parte

El Espíritu Santo en el Génesis Cuarta Parte

Respecto al Espíritu de Dios, manifestado como el aliento de Dios, cabe rescatar algunos versículos puntuales en ese sentido:

Éxodo 15:8  “Al soplo de tu aliento se amontonaron las aguas; Se juntaron las corrientes como en un montón; Los abismos se cuajaron en medio del mar.”

2 Samuel 22:16  “Entonces aparecieron los torrentes de las aguas, Y quedaron al descubierto los cimientos del mundo; A la reprensión de Jehová, Por el soplo del aliento de su nariz.”

Job 4:9  “Perecen por el aliento de Dios, Y por el soplo de su ira son consumidos.”

Sal 33:6  “Por la palabra de Jehová fueron hechos los cielos,

Y todo el ejército de ellos por el aliento de su boca.”

Desde un punto de vista puramente fonético, las consonantes de cualquier alfabeto se dividen básicamente en consonantes labiales, linguales, guturales, dentales, paladiales y nasales. Entre ellas hay algunas llamadas también explosivas, sibilantes y refluyentes, que requieren comprimir el aire en la cavidad bucal y dejarlo salir de una manera controlada para construir las palabras adecuadamente. Sin aire no habría sonidos, ni ruidos, ni palabras. Pues el sonido viaja a través del aire, por eso en el vacío espacial no hay sonido. Algo más en las íntimas y profundas relaciones entre el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo.

Cuando Dios llamó a Abram (‘padre enaltecido’; parece más un título nobiliario), lo llamó siendo lo que era. Un Abram…

Génesis 12:1-5  “Pero Jehová había dicho a Abram: Vete de tu tierra y de tu parentela, y de la casa de tu padre, a la tierra que te mostraré. Y haré de ti una nación grande, y te bendeciré, y engrandeceré tu nombre, y serás bendición. Bendeciré a los que te bendijeren, y a los que te maldijeren maldeciré; y serán benditas en ti todas las familias de la tierra.”

Pero es al afirmar su pacto entre ambos, que Dios (el mayor en rango y autoridad) decide cambiar el nombre de Abram por el de Abraham, insertando la consonante hebrea Geh, conocida en teología como la partícula teofórica, asociada con vida (hb. Jay) y salvación, y que aparece dos veces en el nombre de Dios (hb. YHVH), que Dios aspira sobre Abram su nuevo nombre, llamándolo AbraHam, AbraJam, o como sea que a usted le salga más aireado. Ese aliento divino, esa porción de su propio nombre que es ‘El Que Vive Por Siempre’; toco la naturaleza de este padre enaltecido, convirtiéndolo en el ‘Padre de una Multitud’.

Gen 17:5 “Y no se llamará más tu nombre Abram, sino que será tu nombre Abraham, porque te he puesto por padre de muchedumbre de gentes.”

Nunca se vuelve a ser el mismo cuando el aliento de Dios sopla sobre un ser humano común. Su Espíritu nos transforma. Nos Potencia. Nos une al Cuerpo de Cristo y nuestra identidad nunca vuelve a ser la misma. Ahora estamos en el propósito divino (2 Cor 5:17).

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Francisco Jiménez Cruz

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Pbro. Iglesia Metodista de Ciudad Quesada
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