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Un enfermo que se llenó de fe

Un enfermo que se llenó de fe

Un enfermo que se llenó de fe

  • Su ministerio fue tan impactante que las personas corrían en masas hasta su casa para que oraran por ellas.
  • Le llamaban ¨El millonario de Dios¨, ya que aprendió a depender del Señor completamente en su economía.

 

John G. Lake nació  en Ontario, Canadá, en un hogar de 16 hijos. Posteriormente, la familia se trasladó a los Estados Unidos, donde él creció. Padeció muchas enfermedades desde niño al igual que todos sus hermanos, cuando llegó a la adolescencia ya habían muerto cuatro de sus hermanos y hermanas. Graham escuchó el evangelio a los dieciséis años en una reunión donde entregó su vida a Cristo y poco después empezó a congregarse en la Iglesia Metodista.

Desde entonces, entregó a Dios toda su carga, y creyó que solo Él podría sanarlo; sin embargo, continuó sufriendo una enfermedad tras otra. Una de las que más lo afectó en su temprana juventud fue el reumatismo, pues sus piernas crecieron torcidas, su cuerpo se veía contrahecho. En esa condición, escuchó acerca del ministerio de sanidad de John Alexander Dowie, y decidió viajar a Chicago para que oraran por él. En ese servicio de oración un anciano le impuso las manos e instantáneamente Lake fue sanado y sus piernas se enderezaron.

A partir de ese día, John entendió que Dios no quiere que sus hijos estén enfermos y se propuso en su corazón que no se volvería a resignar ante el espíritu de enfermedad y muerte que afligía a su familia (su hermano era inválido; su hermana estaba muriendo de cáncer de seno y otra hermana sufría de hemorragia severa). Al primero que llevó a los servicios fue a su hermano, quien había sido inválido por 22 años. Él fue sanado tan pronto le impusieron las manos, luego fue sanada su hermana del cáncer que padecía, desapareció la masa que tenía en el seno, también desapareció el dolor que la atormentaba.

A su otra hermana no la alcanzó a llevar al servicio de sanidad porque la encontró en su casa, sin pulso y sin rastro de vida en su cuerpo. Inmediatamente le escribió un telegrama al Pastor Dowie diciendo: “Parece que mi hermana está muerta, pero en mi espíritu no la dejaré ir. Creo que si usted ora, Dios la sanará”, y el Pastor Dowie le respondió a través de otro telegrama: “Aférrese a Dios, estoy orando, ella vivirá”. Cuando llegó esta respuesta, Lake empezó a orar con fuerza por la vida de su hermana, Dios respondió, y ella fue sanada totalmente en el transcurso de la siguiente hora.

UN VUELCO TOTAL

En 1893 se casó con Jennie Stevens  a quien amaba profundamente, con quien tuvo siete hijos. El matrimonio fue muy feliz, porque se complementaban en todas las cosas. En especial, su esposa era una maravillosa intercesora y una sabia consejera. Sin embargo, la felicidad familiar se vio ensombrecida desde el segundo año de matrimonio porque Jennie empezó a sentirse enferma,  antes de cumplir los cinco años de casada ya le habían diagnosticado tuberculosis y una enfermedad mortal del corazón. Su condición llegó a ser muy grave, ocasionalmente perdía el conocimiento y la encontraban tendida en el piso.

En abril de 1898 la situación era angustiosa para John G. Lake, porque su esposa estaba desahuciada y prácticamente inválida. Este fue el momento crucial de su vida. Sus amigos lo consolaban para que aceptara con resignación que ella muriera; sin embargo, él encontró en la Biblia: «Cómo Dios ungió con el Espíritu Santo y con poder a Jesús de Nazareth, y cómo éste anduvo haciendo bienes y sanando a todos los oprimidos por el diablo, porque Dios estaba con él.» (Hechos 10: 38).

En ese momento entendió que la enfermedad proviene del diablo y no de Dios, fue entonces cuando con una fe renovada llamó y telegrafió a todos sus amigos para que oraran de común acuerdo pidiéndole a Dios que Jennie se sanara. Al día siguiente, a las 9:30 a.m., él oró a Dios y abrazó a su esposa, ella fue sanada instantáneamente.

A partir de ese suceso, los Lake se hicieron famosos, muchas personas los visitaban para ver con sus propios ojos la sanidad de Jennie. Aunque John G. Lake no se dedicó inmediatamente a la obra de Dios, si guardaba en su corazón un genuino llamado al ministerio. Continuó trabajando en los negocios bursátiles y de seguros, en los que tenía mucho éxito, pero mantuvo una vida de comunión con Dios y de servicio en la obra de Dios, principalmente orando por los enfermos.

En 1906 recibió el Bautismo del Espíritu Santo, mientras oraba por una persona enferma, y desde ese momento el llamado de Dios se hizo tan fuerte en su vida que vendió todo lo que tenía e hizo un voto de consagración junto con su esposa, para dedicarse únicamente a predicar el Evangelio. Dios les dijo a John y a Jennie que debía ir África, ellos empezaron a prepararse. Se unieron al predicador Tom Hezmalhalch, en un ministerio en el que oraban por el bautismo del Espíritu Santo, ministraban sanidad, y echaban fuera demonios.

 En enero de 1908 empezaron a reunir dinero para el viaje, en abril del mismo año, toda la familia Lake, Tom Hezmalhalch y tres acompañantes, partieron hacia Suráfrica. Este viaje fue un poderoso testimonio de la provisión sobrenatural de Dios a través del cual John G. Lake, quien alguna vez fue llamado “el millonario de Dios”, aprendió a depender exclusivamente de Dios en el aspecto económico. Recibieron ofrendas para los gastos de viaje; y una señora que no los conocía estaba en el muelle esperando “una familia misionera numerosa”, porque Dios le dijo que los alojara en Johanesburgo.

¡Allí empezó un ministerio que sacudió África!

EL AVIVAMIENTO EN ÁFRICA

Al primer servicio que realizó John G. Lake en África, como sustituto de un pastor sudafricano, asistieron más de 500 nativos zulúes que fueron impactos por el poder de Dios. A partir de ese momento se inició un gran avivamiento espiritual en Johanesburgo, en el que miles de personas fueron salvas, recibieron el bautismo del Espíritu Santo y fueron sanadas.

Fue tal el alboroto que se formó alrededor de este ministerio, que las personas acudían en masa a la casa de los Lake para que John y Jennie oraran por ellos. Jennie daba palabras de conocimiento con un discernimiento espiritual que dejaba asombradas a las personas y llevaba al arrepentimiento a muchas de ellas.

Antes de completar un año en África, ya habían fundado cien Iglesias, y John G. Lake se ausentaba de su casa en extensos viajes misioneros. Su esposa atendía el ministerio y la casa, esforzándose de tal manera que su cuerpo no resistió más, y falleció, mientras su esposo estaba viajando por el desierto de Kalahari. Lake quedó desolado por la muerte de su esposa, durante muchos años lo acompañó el dolor de su pérdida.

En 1909 volvió a los Estados Unidos para buscar ayuda económica para el ministerio en África, y regresó en enero de 1910. Encontró que una tremenda plaga asolaba el país, él mismo empezó a atender a los enfermos y moribundos sin que jamás lo tocara la plaga. Esto creó curiosidad entre los médicos, quienes lo retaron a que se sometiera a un análisis científico: colocaban en la mano de Lake, tejidos humanos contaminados con la plaga, mediante un microscopio constataban que todos los gérmenes morían al contacto de su mano. Pero John Lake únicamente le daba gloria a Dios, y utilizó estas pruebas para que muchas personas se convirtieran a Cristo.

Fundó la Obra Misionera Tabernáculo Apostólico en Washington, USA y la Iglesia Sion; continúo predicando y orando por los enfermos en África hasta 1912. Se calcula que en sus cinco años de ministerio en África, se convirtieron más de cien mil personas, fundó 625 Iglesias, preparó y envió 1.250 predicadores,  Dios obró a través de él un incontable número de milagros.

Hasta hoy, el Tabernáculo Apostólico y la Casa de Sanidad de John G. Lake en Spokane, siguen activos y reciben visitantes de todas partes del mundo.


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