El Elías del Siglo XX

Wigglesworth se caracterizaba por grandes milagros, entre ellas 20 resurrecciones.

 

  • Su mayor legado fue el ejemplo de su fe en el Dios de los imposibles y su amor por las almas e insaciable búsqueda de comunión con el Espíritu Santo.
  • Muchos se sorprendían por sus métodos que algunas veces parecían toscos, pero indudablemente traían bendición a las personas.

 

Smith Wigglesworth nació en Yorkshire, Inglaterra, en el seno de una familia muy pobre y empezó a trabajar desde los seis años durante 12 horas al día, por tal razón nunca fue a la escuela. A los ocho años se convirtió en una Iglesia Metodista Wesleyana (doctrina basada en la experiencia de la sanidad), inició a predicar el Evangelio de Jesucristo. La primera persona a la que llevó a los pies de Cristo fue a su propia madre.

A los 20 años fue a trabajar a Liverpool, donde comenzó a dar de comer a los niños pobres de los muelles con su propio sueldo. Luego se fue a Bradford, donde desarrolló un negocio de plomería. Allí conoció a una joven (Polly) con quien tiempo después la convirtió en su esposa. Ella fue una gran bendición para su vida, pues fue quien le enseñó a leer y escribir. También  fue quien con su dulzura ayudó a moldear el temperamento fuerte que tenía.

Polly predicaba el Evangelio en campañas de salvación y Wigglesworth le ayudaba como ujier: Saludaba a las personas en la puerta, repartía himnarios y hablaba con los recién convertidos en el altar. Este trabajo lo desarrollaron durante mucho tiempo a pesar de que Polly estaba enferma hasta que un día Dios la sanó en una de sus reuniones en la cuidad de Leeds.

El inicio de su ministerio

Un día, los líderes de su iglesia  viajaron a una convención cristiana y le pidieron a Smith que dirigiera los servicios de la Iglesia en Bradford, mientras ellos regresaban. En esa primera reunión en la que predicó, a pesar de su inexperiencia y de su falta de títulos académicos, 15 personas fueron sanadas por Dios. Muy sorprendido, concluyó diciendo que Dios lo había hecho por misericordia con los enfermos y principalmente con él.

Teniendo en base estos testimonios en otros y en sí mismo, comenzó su ministerio de sanidad antes de recibir el bautismo del Espíritu Santo. Llegó a ser conocido como el predicador del pueblo de Bradford y de sus alrededores. Ministró allí hasta los 48 años y en sus servicios llevaba a miles a los pies de Cristo y oraba por los enfermos, los cuales eran completamente sanados.

En 1907 recibió el bautismo del Espíritu Santo y se convirtió en un evangelista único, su temperamento y su forma de vivir cambiaron radicalmente aquel día.  Dios lo llevó a ministrar en grandes cruzadas de sanidad y milagros e impartía su fe a multitudes, predicando el mensaje de salvación y desafiaba a los creyentes a ser bautizados.

Era particularmente generoso con los hermanos, con las iglesias, y especialmente con los pobres. Ofrecía unas cenas especiales basándose en las palabras de Jesús en Lucas 14:13-14: “Mas cuando hagas banquete, llama a los pobres, los mancos, los cojos y los ciegos; y serás bienaventurado; porque ellos no te pueden recompensar, pero te será recompensado en la resurrección de los justos”. El daba un breve mensaje evangelístico en estas cenas y muchas personas se convertían.

Solamente con llegar a un lugar causaba impacto a su alrededor, porque se sentía la presencia del Espíritu Santo en él. No aceptaba lisonjas, porque para él era claro que la gloria solo es para el Señor, y era implacable con los vanidosos que se atrevían a decir que eran siervos de Dios.

Entre sus frases más recordadas están: “No se puede tratar suavemente al diablo”, “Dios es tan grande que siempre tiene algo nuevo”, “Nada en el mundo puede fascinarnos tanto como estar cerca de Dios”, “Quiero llevarlos a un lugar de insatisfacción, un lugar donde ya nunca volverán a estar satisfechos, sólo satisfechos con una satisfacción que no puede ser satisfecha”.

Su amada esposa Polly falleció en 1913, pero antes, el Señor tuvo que convencerlo que la estaba llamando, porque él no cesaba de orar para que no muriera. Solo hasta que Él le habló, Wigglesworth la dejó partir, pero la extrañó por siempre. Desde que ella murió, su hija Alice lo acompañaba en los viajes ya que  su otro hijo falleció tempranamente.

Smith Wigglesworth fue un ejemplo de fe y amor. Tenía un perfecto equilibrio entre la profunda espiritualidad de un siervo ungido y la absoluta practicidad de un hombre sabio, valores indispensable para los predicadores de este siglo. Verdaderos siervos de Dios como él, no son olvidados fácilmente. En muchos lugares aún resuenan sus palabras de exhortación para que cada uno pueda entregar una adoración genuina a Dios.


RELATED POST

COMMENTS ARE OFF THIS POST