28 febrero, 2021 7:17 am
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¿Ser o no ser un diputado evangélico? He ahí el dilema

Tendencias ateístas amenazan con el derecho a ser diputado

  • Desde el 2013 el Frente Amplio está atacando la participación política de los ciudadanos cristianos.
  • El bloque de diputados cristianos ha demostrado que está para mucho en este Congreso.

 

En días pasados los medios de comunicación seculares han hecho eco de una confrontación entre nuestra fracción parlamentaria y el Partido Frente Amplio, a la que se sumó luego el resto del llamado bloque cristiano. Los diputados de este grupo político han desbordado un rabioso ataque a lo que ellos llaman la “alianza neoliberal” de los partidos de enfrente y el “integrismo religioso” representado por las agrupaciones cristianas, en el sentido de que esta presunta coalición política, que logró ganar el directorio legislativo frente al bloque del “FAC” (Frente Amplio y Acción Ciudadana), representa la derecha económica y conservadora del poder, adobada por los diputados “evangélicos”.

En este contexto, resulta acertado parafrasear al gran literato inglés William Shakespeare: ¿Ser o no ser un diputado evangélico? He ahí el dilema. La confrontación se inició ante los amagues y acusaciones de los diputados frenteamplistas, generados a causa de mi intervención en el Plenario, a propósito de la discusión del discurso presidencial.

En esa oportunidad, yo cuestioné al señor Presidente en cuanto a que él cree que nuestro país presenta “grandes avances” en materia de derechos humanos, en relación con lo que yo he llamado el “golpe de estado técnico” que ha sufrido nuestro país, y que ha mancillado su soberanía, ante la prepotencia de una Corte Interamericana de Derechos Humanos que nos impuso la legalización del aborto, por medio de la llamada Fecundación In Vitro (FIV).

Para el Partido Acción Ciudadana, este Gobierno y el Partido Frente Amplio, derechos humanos sólo tienen que ver con la población LGBTI y con los movimientos del feminismo abortista, a la vez que olvidan los derechos humanos de los niños y niñas, las personas adultas mayores, las personas con discapacidad y, por supuesto, los creyentes de todas las confesiones religiosas. Más aún, para estos partidos y algunos de sus políticos, son más importantes los derechos de los animales a los cuales los cristianos estamos obligados a proteger, desde luego- que los de los seres humanos, nacidos y no nacidos.

La estrategia de estos grupos y partidos políticos en cuanto a usar la etiqueta de “diputado evangélico” o “partido evangélico”, no es levantar la bandera del evangelio como nosotros lo hacemos, con orgullo, amor y agradecimiento para nuestro Señor. Más bien lo hacen en son de burla, como una chota mal intencionada, para decir que somos tontos, o que somos “cavernícolas”, “oscurantistas”, “feudales” y “retrógrados”. Por este motivo yo increpé al Frente Amplio y le amenacé en el sentido de que si ellos siguen llamándonos diputados “evangélicos”, entonces yo a ellos los llamaré diputados “ateos”; y que si siguen insistiendo en el llamado “integrismo religioso”, yo los llamaré “comunistas ateos”.

No se vale que se trate de utilizar el argumento de la religión para menospreciar nuestros argumentos; no se vale que se utilice nuestro credo religioso para minimizar y para menoscabar las posiciones que tenemos. Porque a estos grupos y partidos todo lo que les huele a Cruz es desechable y molesto: satanizaron que hiciéramos en el Salón de Expresidentes de la Asamblea Legislativa la actividad del día de la Biblia (que es ley de la República), pero no le dijeron a los costarricenses que el Frente Amplio realizó asambleas partidarias en las instalaciones de este Parlamento, con los recursos de todos los costarricenses.

Para estos diputados y diputadas, y muchos de sus seguidores, los creyentes no deberíamos tener un lugar en espacios políticos. Quieren sacarnos, y quieren sacar a Dios de la constitución, de las escuelas, de los hospitales, de las cárceles, de los parques… Para ellos la fe debería expresarse sólo en lo privado, cuando los mismos instrumentos internacionales de derechos humanos dicen que se puede expresar también en lo público.

¿Ser o no ser un diputado evangélico? Desde luego que lo soy y lo seguiré diciendo: un cristiano evangélico, profundamente agradecido como mi gran Dios y Salvador, que derramó su sangre por mí en la Cruz del Calvario. Pero a la Asamblea Legislativa no vine a dar Bibliazos y panderetazos; he venido a representar a mi pueblo, a legislar y hacer mi trabajo; pues es en nuestras iglesias, casas y otros lugares donde usamos la preciosa Palabra de Dios para dar luz al mundo. Como diputado la llevo en mi corazón, como piedra angular, donde tengo los valores y principios que pongo al servicio de mi país.  ¡Soy un diputado evangélico!, y por eso, los principios cristianos iluminan mis posiciones y sustentan mis acciones para el beneficio de mi país.

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Fabricio Alvarado

Fabricio Alvarado


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