Todo Tiene su Tiempo

Eclesiastés 3

Pongamos nuestra mente y nuestro espíritu a trabajar. Dice el escritor: Al justo y al impío los juzgará Dios, al hombre y a las bestias les sucede lo mismo, como muere uno, muere el otro, como respira uno respira el otro, todo va a un mismo lugar, todo se vuelve polvo. Confieso que medité en éste libro, específicamente en éste capítulo del cual casi nadie habla, con todo y que está en la Biblia, tengo que mi impacto donde veo: El rico menos precia al pobre, sin embargo necesita de éste para ser más rico, Porque… ¿quién trabaja para quién? ¿Y quién se beneficia de quién? El profesional muchas veces menos precia al ignorante, pero para ejercer su profesión también necesita de ese ignorante.

Una hora para meditar porque….Todo tiene su tiempo. Nadie nace antes del día determinado por Dios y nadie muere antes, sino todo se cumple por absoluto.  Pero al tratar de comprender, o ser guiado por el Espíritu Santo para entender, no puedo negar la realidad, que estos pasajes me dejan pensando y buscando más, para entender el propósito divino, ¿Porque nos afanamos?

¿Se puede añadir un día más a la existencia? ¿Porque nos jactamos? El orgullo y la ignorancia son llaves para destrucción, por eso cayó el ángel más bello que existía, porque aun siendo el más bello, quiso sentarse en el trono de Dios y fue destronado, Añade el Escritor: ¿Qué provecho tiene el que trabaja de aquello en que se afana? Si amontonas riquezas ¿Quién las disfrutará? No es cierto que nos afanamos en todo, menos en las cosas del Señor, y si nos afanamos en las cosas de la iglesia, ¿Será igual que en las cosas del Señor? Y si dejo mi obligación con la familia, ¿Tendremos recompensa? Aun así dice que ha puesto eternidad en el corazón del hombre, y esta eternidad debe llevarnos a una reflexión, al cuidado de no dejar de hacer lo correcto, por caminar en lo incorrecto.

Este es tiempo de hablar y no de callar, es tiempo de sembrar y no solo de arrancar, es tiempo de intimar con el Amado y no solo de esperar que otro llene nuestra despensa, es un tiempo de santificarnos individualmente, y no esperar, que otro nos reprenda, es un tiempo de ir al huerto, y empezar a cuidar lo que hemos sembrado. Recordemos: El que siembra para su carne, de la carne segará corrupción, El que siembra para el Espíritu segará para vida eterna (Gal 6:8) No nos cansemos de hacer el bien, no amontonemos riquezas terrenales, donde la polilla destruye, no durmamos, velemos, y no olvidemos, TODO TIENE SU TIEMPO, que cada día podamos vivir, como si fuese el último día de nuestra existencia.

Esperemos al Amado,  listos para la fiesta. SIN SANTIDAD NADIE VERA AL SEÑOR…Dios añada bendición y revelación a LA FAMILIA.

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Cecilia de Caicedo

Cecilia de Caicedo

Pastora del Ministerio de Consejería Muralla de Fuego
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