Tiempos de Visitación

Y después de esto derramaré mi Espíritu sobre toda carne, y profetizarán vuestros hijos y vuestras hijas; vuestros ancianos soñarán sueños, y vuestros jóvenes verán visiones.  Y también sobre los siervos y sobre las siervas derramaré mi Espíritu en aquellos días. Y daré prodigios en el cielo y en la tierra, sangre, y fuego, y columnas de humo. El sol se convertirá en tinieblas, y la luna en sangre, antes que venga el día grande y espantoso de Jehová. Y todo aquel que invocare el nombre de Jehová será salvo; porque en el monte de Sion y en Jerusalén habrá salvación, como ha dicho  Jehová,  y entre el remanente al cual él habrá llamado.  (Joel 2:28-32)

Vemos como Dios usa la boca del profeta para anunciar lo que habría de venir en los postreros días. Sabemos que la iglesia  está siendo preparada, entrenada en los dones, revestida y  desatada para un mayor mover del Espíritu, Aleluya!

Cuando se levantaron por mañana, salieron al desierto de Tecoa.  Y mientras ellos salían,  Josafat, estando en pie, dijo: Oídme,  Judá y moradores de Jerusalén. Creed en Jehová vuestro Dios,  y estaréis seguros; creed a sus profetas, y seréis prosperados. (2 Crónicas 20:20)

Todo los seres humanos estamos llenos de los regalos de los dones del Espíritu, hay un bagaje de Dios sobre la vida de sus hijos, solo que tenemos que entender que si están en nosotros,  debemos manifestar  con  poder y demostración.

Y ni palabra ni mi predicación fue con palabras persuasivas de humana sabiduría, sino con DEMOSTRACIÓN  del Espíritu y poder. (1Corintios 2:4)

Tiempos del mover de Dios se tienen que desatar,  sobre sus siervos y sus siervas. Tiempos de activar lo que llevamos dentro, un desatar mayor provocando una gloria mayor, para que toda carne sea impactada por el poder demostrativo del Espíritu. Lo que ha de  manifestarse a través de la iglesia, no es de  carne, ni ciencia, ni sabiduría humana, ni tampoco palabras  bacías a falta de la esencia y la sustancia de Dios.  Sino un gran mover y oleaje  de avivamiento en cada Ciudad y Nación. Somos barro en las manos del alfarero él nos está dando forma para así ser útiles, y manifestar lo que se nos ha sido entregado.

Pero tenemos este tesoro en vasos de barro, para que la excelencia del poder sea de Dios, y no de nosotros. (2 Corintios 4:7)

El diseño del Padre es levantar una generación que sea entendida en los tiempo, que sepa escuchar a Dios, que reconozca su voz y que traiga restauración a la tierra. Estamos en tiempo tan poderosos donde él Dios vivo se ha determinado restaurar,  levantar y edificar  lo caído. Donde las puertas estarán de continuo abiertas para sus hijos.

Mira que te he puesto en este día sobre naciones y sobre reinos, para arrancar y para destruir, PARA EDIFICAR Y PARA PLANTAR. ( Jeremías 1:10)  

¡Mientras  haya hijos fieles en la tierra, Dios seguirá hablando, anunciando, y desatando su gloria en la tierra!

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Lidia Giménez

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Pastora de Ministerio Casa de Adoración
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