Como superar los errores

Considero que este tema es sumamente importante en la vida del cristiano para el cumplimiento del plan de Dios. Lo que hace que muchas personas no puedan desarrollar su propósito es el no saber cómo superar sus errores y las consecuencias de los mismos. Es el sentimiento desmedido de culpa que opera en sus vidas el que produce el que  permanezcan en el mismo estado, no puedan avanzar, crecer, y crean que lo bueno que Dios puede hacer en la vida de una persona: “no está a su alcance”, “para él/ella no es posible”, y piensan erradamente: “Dios seguramente conmigo no lo hará”. Cuando permanecemos en el estado de la culpa, es decir, nos dejamos envolver por ella,  no podemos ver lo que Dios ha diseñado para nosotros, o que puede abrir caminos a  nuevas oportunidades, lo que se convierte en un pozo sin salida. Desistimos de sueños, posiciones asignadas por Dios (desde ser padres, hijos, ministros, profesionales, gente de influencia, etc.) y la depresión toca nuestra puerta.

Sin embargo, cuando nos encontramos con la gracia de Dios, es que el verdadero amor puede sacarnos de cualquier pozo por más profundo que sea. Siempre me impactó la historia de una mujer que nos ayuda a tomar ejemplo de cómo debemos abordar el sentimiento de culpa, comprendiendo cómo opera el enemigo, cómo ve Dios nuestros errores y qué espera Él de nosotros cuando nos equivocamos. Creo que es una excelente lección para poder superar nuestros errores y mantenernos alineados a los planes eternos del Padre sin desenfocarnos y jamás volver atrás.

En el Pasaje de Juan 8:1-12, la escena es la siguiente:

Jesús estaba enseñando en un lugar repleto de gente, todo el pueblo estaba presente, y de repente vienen los escribas y fariseos trayendo una mujer prácticamente arrastrada, humillándola ante la multitud por haberla encontrado en pecado, en este caso adulterio.

Aquí vemos algunos ingredientes que hacen caer a una persona en este pozo, del cual a muchas personas les cuesta salir. Ellos son: el error (pecado)  la humillación (acusaciones del enemigo) la vergüenza y la culpa.

Cuando hablamos de pecado no debemos tener una mirada superficial sino que debemos ir más profundos. Pecado es errar al blanco, es salirnos de los planes perfectos de Dios para nuestras vidas. Cuántas veces podemos vernos involucrados en errores, donde somos totalmente responsables de ellos, y la humillación, la culpa, el sentirnos indignos del perdón,  hacen que caigamos en un pozo del cual no podemos levantarnos. El pecado en este caso era el adulterio, pero entendamos que “todo lo que nos lleve a desviarnos del propósito de Dios es errar al blanco” y es ahí donde yo creo que la culpa cobra un papel indispensable, ya que sin ella no podríamos darnos cuenta que estamos errando.

Siempre en términos generales, se tiene a la culpa como un sentimiento negativo en la vida del ser humano, sin embargo yo creo, que en su justa medida, es la alarma que nos indica que hemos hecho lo incorrecto. La clave es saber gobernar este sentimiento entendiendo que tiene esta función y no debe permanecer en nosotros para hundirnos, estancarnos, hacernos sentir indignos de continuar en “el camino”.

Juan 16:8  Y cuando él venga, convencerá al mundo de pecado, de justicia y de juicio.

Jesús vino a nuestras vidas para que seamos restituidos al hombre y a la mujer que Dios creo desde un principio. Y el Espíritu Santo es el ayudador divino que nos dará las fuerzas que necesitamos para realizar los cambios.

Nada debe apartarte del propósito que Dios tiene con tu vida. Como cristiano si tienes la experiencia de haberte equivocado o has conocido gente que lo ha hecho, seguro te darás cuenta que ninguno lo hizo queriendo o siendo totalmente consiente de las malas consecuencias que generaría su error.

Para poder superar los errores entonces, debemos tener en cuenta las siguientes verdades:

  1. El enemigo siempre buscará acusarte, es su especialidad. v.3

Los escribas y fariseos representan tu entorno, el qué dirán de la sociedad, parentela, etc. Aquellos que están expectantes de cuando te equivocarás, y buscan hacerte caer. Todo el tiempo lo hacían con Jesús. El dedo acusador del enemigo siempre estará allí para poner sobre ti un peso que ya Cristo quitó por ti.

Pero lo importante aquí es:

  1. Mientras los demás te acusan, Jesús está esperando tu reacción v.6

Jesús sabe que tendremos errores, pero lo que el mira es qué hacemos con ellos. Entiende Jesús no mira tu entorno, Jesús te está mirando a ti. Lo mejor y maravilloso de esto es que no lo está haciendo para condenarte sino para ayudarte. v.10

  1. ¿Qué espera Jesús? v.11

Jesús dijo a esta mujer humillada, avergonzada, “Ni yo te condeno, Vete y no peques más” Es decir en otras palabras LEVANTATE Y CAMINA HACIA ADELANDE SIGUIENDO A JESUS, NO VUELVAS ATRÁS. Pues Él continuó diciendo en el siguiente versículo “El que me sigue no andará en tinieblas sino que tendrá la luz de la vida”. v.12

Cuando entendemos que Jesús no nos condena, elevamos la mirada y tenemos acceso a sus pensamientos y a su sabiduría para seguirla. Desde ahí es que debemos desprendernos de la culpa. Lo simplifico en 3 pasos prácticos:

  1. La Culpa me conecta con el error. Lo peor que podemos hacer es tapar nuestros errores, debemos conectarnos con ellos, para identificarlos y de una vez por todas superarlos. La decisión es nuestra y la ayuda de Dios está garantizada.
  1. La Gracia de Dios me habilita a levantarme y reflexionar qué fue lo que me llevó a ese error, es decir, cuál fue mi motivación. Realmente ¿qué me impulsó a hacer lo que hice?, en verdad, ¿de qué tenía miedo? ¿De qué no he sido totalmente consciente? Esto es un ejercicio que debemos practicar para no volver a caer en los mismos errores. El descubrir a la luz del Espíritu Santo cuáles fueron nuestras reales motivaciones harán que podamos realinearnos, a las motivaciones sanas y correctas que siempre nos llevarán a adorar al Señor en lo que hagamos. Cuando cambian mis pensamientos cambiarán a su vez mis sentimientos.
  1. Tomar responsabilidad de las consecuencias: el asumir los errores, conocer nuestra motivación y lo que nos llevó a hacerlo nos permite salir del pozo y comenzar a “accionar soluciones”. Cambiar motivaciones, actitudes, tomar decisiones, formar el carácter, y si el error ha afectado a otros accionarnos en pedirles perdón y pensar en cómo puedo compensarlo de alguna manera, no pensando en mí sino en el otro. Muchas veces lo que necesitamos es perdonarnos a nosotros mismos, para esto debemos partir de la base del punto 2, la gracia y el amor de Dios cubren multitud de pecados.

Te insto a que no te dejes intimidar por el enemigo, te levantes en el nombre poderoso de Jesús y te extiendas hacia adelante! ¡Hacia tu supremo llamamiento en Cristo! Dejando ciertamente lo que queda atrás, poniendo los ojos en Aquel que todo lo hace posible. Te Bendigo,

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Alejandra Fochesatto

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