11 agosto, 2020 9:36 am

Quien quiere fuego III parte

Levítico 6:12 Y el fuego encendido sobre el altar no se apagará, sino que el sacerdote pondrá en él leña cada mañana, y acomodará el holocausto sobre él, y quemará sobre él las grosuras de los sacrificios de paz.

Todas las mañanas, si el Señor dice que necesitamos nosotros a vivar o mantener el fuego en el altar, necesitamos así como él lo dice; y para que no se apague el fuego necesitamos material. Proverbios 26:20a Sin leña se apaga el fuego. Si nosotros no le echamos leña al altar, el fuego que un día fue puesto en tu corazón, se apaga. Dice el Señor que nosotros somos la luz en el mundo, y cómo puedo yo alumbrar al mundo si el fuego de mi corazón se apagó, cómo puedo yo guiar a aquellos que les comparto, cómo puedo llevar, encaminar y enseñarles el camino de la verdad si el fuego de mi corazón se apagó, si ya no alumbro, si ni siquiera me acordé que tenía que echarle leña.

Dice el Señor que su Palabra es como fuego, y que viene a tu corazón y enciende tu vida. La Palabra de Dios es una llama de fuego que viene y te enciende completamente y te aviva. Sin leña se apaga el fuego, y si nosotros no tenemos una comunión, una estrecha comunicación con Dios, se va perdiendo el fuego completamente, uno se va apartando y parece que no se da uno cuenta. Uno se va apartando poco a poco, y después no tienes ánimo ni siquiera de estudiar, de orar, no tienes nada que te vivifique.

Veamos cómo el Señor trae el fuego, el cual viene del cielo.

Hechos 2:2-3 Y de repente vino del cielo un estruendo como de un viento recio que soplaba, el cual llenó toda la casa donde estaban sentados; y se les aparecieron lenguas repartidas, como de fuego, asentándose sobre cada uno de ellos. Todos los discípulos del Señor Jesucristo, estaban reunidos en una casa, unánimes juntos, orando; estaban teniendo una comunicación con Dios, en cuanto hubo un estruendo, como de un viento recio, que llenó la casa, empezaron a mirarse como lenguas de fuego que se posaban sobre ellos.

Se puede advertir que antes de que esas llamas de fuego se posaran sobre ellos, vino un viento recio; el Señor Jesucristo ya había encendido en esos discípulos un fuego en su corazón, ya les había dado una Palabra Viva como fuego en su corazón y además había soplado en ellos y les dijo: reciban el Espíritu Santo.  Ellos ya tenían el fuego en su corazón, pero aquí en Hechos dice que cuando estaban en una plena comunión con Dios, se escucha un estruendo y viene un viento recio, nosotros necesitamos que venga ese viento recio y sople en esas brazas, en ese rescoldo que queda en el corazón; necesitamos que venga el Espíritu Santo y sople en nuestro interior para que se avive el fuego.

Continuará…


PUBLICACIONES RELACIONADAS

COMMENTS ARE OFF THIS POST