¿Quién Pecó?

San Juan 9.1-12

El día que se dieron cuenta que serían padres, el corazón de esta pareja saltó de alegría dentro de ellos, pues el tener hijos era una bendición de Dios, los meses de gestación pasaban y todo transcurría con normalidad, sin embargo el anhelo de poder abrazar a su hijo y disfrutar de aquella maravillosa experiencia hacía que los meses se sintieran eternos. El día añorado llegó y el llanto del bebé y la noticia de la partera: ¡Es varón! rompieron el ambiente de incertidumbre de aquellos padres y el gozo llenó de fiesta aquella humilde casa. Sin embargo con el pasar de los días descubrieron que algo no estaba bien,  aquel infante mantenía su mirada fija y a diferencia de otros niños de su edad, no seguía curiosamente los movimientos de las cosas y las personas, la noticia de los conocedores de la época fue cual terremoto arrasador, el niño había nacido ciego. Todos los sueños de sus padres de ver a su hijo ser una persona normal, que heredaría el negocio de su padre o llegar a hacer fortuna en la vida y tener más que lo que ellos tuvieron se convertía en la oscura realidad, su hijo sería un méndigo, que día a día se sentaría en un lugar público a pedir limosna de los transeúntes. Así vivió la vida de su niñez, su adolescencia, su juventud y hasta que llegó a ser adulto, la gente en el pueblo la lo identificaba como el ciego, cada día se sentaba a pedir limosna a la orilla del camino. Pero un día algo diferente pasó, un hombre llamado Jesús pasó junto a él y untando lodo en sus ojos le sanó, por primera vez en su vida vio los colores de la creación, el rostro de las personas, la luz del sol, sim embargo no había vista a sus sanador, pues recobró la vista cuando se lavó el  Siloé.  La gente decía ese no es el que nació ciego, otros a él se parece, pero el respondía yo soy.

Cuando le Preguntaron a Jesús ¿quién pecó este o sus padres para que naciera ciego? La respuesta de Jesús contenía una verdad trascendental, ni este ni sus padres, fue para que se mostrara en él  la Gloria de Dios. Jesús no solo le devolvió la vista al ciego, le devolvió su dignidad, sus sueños, la esperanza a sus padres, la fe en un Dios que siempre tiene un plan.

Esa historia es la historia de muchos y muchas que ven sus vidas derrumbarse ante una noticia dolorosa, y la pregunta de muchos es ¿quién pecó para que eso les pasara?, lo pierden todo el futuro se vuelve sombrío, quedamos como ciegos ante el dolor, hasta que Jesús vuelve a untar lodo en nuestros ojos y nos sana y nos permite ver de nuevo que todo tiene un propósito y un plan glorioso. Cuando en tu vida las cosas sucedan sin una razón aparente, recuerda esta historia porque será para la GLORIA DE DIOS.

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William Luna

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Iglesia Cristian Discípulos de Cristo en Siquirres
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