Oír y hacer

“Cualquiera, pues, que me oye estas palabras y las hace, le compararé a un hombre prudente que edificó su casa sobe la roca”. Mateo 7:24

“Pero sed hacedores de la palabra, y no tan solamente oidores, engañándoos a vosotros mismos, porque si alguno es oidor de la palabra, pero no hacedor de ella, éste es semejante al hombre que considera en un espejo su rostro natural, porque él se considera a sí mismo, y se va, y luego olvida como era, mas el que mira atentamente en la perfecta ley, la de la libertad, y persevera en ella, no siendo oidor olvidadizo, sino hacedor de la obra, éste será bienaventurado en lo que hace”.

Santiago 1: 22-25

Jesús les enseñaba como quien tiene autoridad, la verdad de sus palabras era respaldada por su vida, mientras que los fariseos y escribas transmitían hipocresía.

Tenemos que edificar el edificio de Dios en nuestra relación con el Padre, el pecado destruye esa relación. Dios quiere edificar su casa.

“¿Por qué me llamáis, Señor, Señor y no hacéis lo que yo os digo? Todo aquel que viene a mí, y oye mis palabras y las hace, os indicaré a quién es semejante. Semejante es al hombre que al edificar una casa, cavó y ahondó y puso el fundamento sobre la roca, y cuando vino una inundación, el río dio con ímpetu contra aquella casa, pero no la pudo mover, porque estaba fundada sobre la roca. Mas el que oyó y no hizo semejante es al hombre que edificó su casa sobre tierra, sin fundamento, contra la cual el rio dio con ímpetu y luego cayó y fue grande la ruina de aquella casa.” Lucas 6: 46-49

Dios nos pide cavar y ahondar en nuestras maneras de recibir la palabra para luego poder edificar. La Ley de la construcción implica cavar hasta llegar a lo firme, para poder echar los cimientos y luego poder edificar. Cristo es la piedra angular, la principal piedra del ángulo. Debo cavar y ahondar para ir a la raíz de los problemas. El pecado destruye, debo confesarlo y resolverlo, de Cristo obtengo perdón y liberación.

Debo edificar mi vida donde mora Dios, la raíz mala de pecado que no se saca, no permite crecer y llevar fruto. Edificar en Él. “Si Jehová no edificare la casa, en vano trabajan los que la edifican.” Salmo 127:1

¿Dónde se perdió el respeto a Dios, la relación de honra, de comunión? Si no hay comunión con Dios, no puede haber comunión los unos con los otros. Debemos recuperar lo perdido en el interior de la casa, solo una relación correcta con Cristo puede soportar la batalla que viene sobre nuestras vidas.

Por ello debemos sacar lo que no es de Dios, ahondar en nuestro corazón, para sacar celos, envidias, criticas, murmuraciones y otras cosas de la carne, de la vida sin Dios. Tenemos que edificar nuestra vida en el fundamento principal que es Jesucristo mismo, Él es la piedra desechada por los edificadores, pero para Dios escogida y preciosa.

En amar a Dios con toda nuestra alma, nuestro corazón y nuestra mente y al prójimo como a nosotros mismos, en ello se reducen la ley y los profetas. Somos el edificio de Dios, amado de Dios, Dios quiere vivir en nosotros.

“Tú eres el Cristo, el hijo de Dios viviente….tu eres Pedro y sobre esta roca (confesión) edificaré mi iglesia y las puertas del Hades no prevalecerán contra ella” Mateo 16:16-17.  Esta fue una revelación bajada del cielo, la revelación de Jesús como el Cristo y la iglesia está fundamentada y edificada sobre esa revelación.

La diferencia de la iglesia con cualquier otra organización  o grupos de personas es la Revelación de Jesucristo, la iglesia edifica sobre esa revelación, Jesús es el origen y motivo de los cinco ministerios que la dirigen y edifican “Por lo cual dice: Subiendo a lo alto llevó cautiva la cautividad y dio dones a los hombres…y El mismo constituyó a unos, apóstoles, a otros profetas, a otros evangelistas, a otros pastores y maestros.” Efesios 4: 8,11.

La Iglesia que carece de esa revelación, deja de edificar sobre la roca. Nos llama el Espíritu Santo a vivir y caminar en esa revelación de hijos. Jesús es la revelación de Dios hecha carne, los libros del Antiguo Testamento son una tipología de él y demuestran y señalan a Jesús pre-encarnado. Ahora la revelación es progresiva, es como un rio, la senda del justo es como la luz de la aurora que va en aumento hasta que el día es perfecto, así la revelación se amplía y fluye, porque Dios no es estático, no se estanca.

Jesús cuando llama dice “Ven, sígueme”, Él es la revelación del Padre y Él es el que revela los propósitos de Dios para tu vida, debemos oír lo que Dios está diciendo. El entorno cambia, el mundo cambia, Dios lo sabe, pero Él es la roca firme que nunca cambia. La revelación está en aumento, está en nosotros, hasta que lleguemos a la plenitud de la estatura de Cristo “Y todos bebieron la misma bebida espiritual, porque bebían de la roca espiritual que los seguía, y la roca era Cristo”. 1ª Corintios 10:4

Interceder, pedir, buscar su revelación, que hacer en cada situación, pedir revelación en cualquier ámbito de la vida, Jesús es la fuente interna que mana y salta hasta vida eterna. No importa el lugar, lo que yo necesito es revelación en finanzas, matrimonio, hijos. La iglesia se fundamenta en la revelación. Debemos oír y hacer lo que Dios nos está hablando en cada situación.

“Y él dijo: Antes bienaventurados los que oyen la palabra de Dios, y la guardan.” Lucas 11:28

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