Nuestras medallas

Vanderlei Cordeiro Lima, un corredor brasileño, quien participó en las olimpiadas de Atenas 2004 nos dio una gran lección. Este atleta llevaba 35 kilómetros de esfuerzo en una de las más duras batallas olímpicas. Iba en primer lugar.

Tomó un trago de agua de su botella, sin saber que solo unos segundos le separaban de una tragedia. Un sujeto que salió de la nada, se le lanzó y lo empujó. El corredor perdió la oportunidad de quedarse con la medalla de oro, pero al final llegó tercero, por lo cual se adjudicó la de bronce. Lo más impresionante de esta historia fueron sus declaraciones luego de concluir la competencia: “No voy a llorar… ahora solo quiero disfrutar de este bronce que es la primera medalla de Brasil en la maratón”.

El maratonista iba por una medalla y logró una, no la de oro, pero medalla al fin. Esto ocurre muchas veces en la familia: queremos ser los padres perfectos, medalla de oro como esposos, el primer lugar en orden y disciplina.

Ese perfeccionismo tan exagerado nos impide ver que, aunque nuestro esposo o esposa no es perfecto, es nuestra medalla.

Pedimos a nuestros hijos e hijas actuar como es digno de un medallista de oro. Cuando vengan los familiares o amigos, cuidado se equivocan en algo, no hagan esto o lo otro, sólo nos falta decirles que no respiren.

Para alcanzar una medalla en la pareja debemos entender que estas se alcanzan con esfuerzo… sólo los cobardes abandonan el barco cuando se hunde.

Permítame compartirle algunas lecciones que nos dejan las medallas:

  • Para lograrlas se requiere .. quizá sea el momento de hacer ajustes en la vida diaria… menos televisión y más comunicación sería una excelente alternativa.
  • No nos hacen mejores, pues son una simple retribución al esfuerzo. Aunque todos tienen la oportunidad de llegar a la meta, solo los primeros son premiados.
  • Son escasas: aunque tengan poco o mucho valor, las medallas son hechas para deportes y torneos específicos. Quizá su meta no sea ser el mejor empresario o empresaria del mundo, pero sí podría ser el ver a sus hijos creciendo en el conocimiento de Dios.
  • Para alcanzarlas necesitamos ser diligentes. Debemos entregarnos por completo, tener un compromiso con la familia.
  • Debemos romper con la mentalidad del “yo no puedo”. La victoria se hizo no para los más capaces, sino para los más valientes. Es hora de dejar de tenernos lástima.

Si nuestro propósito es alcanzar medallas en nuestra familia, debemos mirar hacia adelante, superar las barreras y alcanzar la meta.

Cuando logremos nuestras medallas, no pensemos en que la otra es más bonita o es mejor. Por ver a los demás, no disfrutaremos lo nuestro: hijos e hijas preciosos, una hermosa esposa, una casa, un carro… disfrutemos lo que tenemos y Dios nos dará otras medallas mucho mejores.

La Biblia enseña que ningún atleta es coronado si no corre legítimamente. De qué vale obtener muchas medallas si lo hicimos con los mecanismos inapropiados o algo igualmente equivocado, nunca disfrutamos el proceso que nos llevó a la consecución de esas medallas.

En el matrimonio tenemos una carrera que correr… no es de velocidad, es de resistencia. A veces podemos sentir cómo caemos pesadamente, pero debemos levantarnos y seguir, pues, aunque no alcancemos a ganar la medalla de oro… la de bronce es también una hermosa medalla.

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Mario Aguilar

Mario Aguilar

Conferencista Familiar
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