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El mayor poder de influencia (especial para madres...

El mayor poder de influencia (especial para madres)

No existe persona en el mundo que influya más profundamente en los seres humanos que las madres.  Dios nos ha dado la capacidad de influir en nuestros hijos mucho más allá de lo que nos imaginamos. Por ello es fundamental tener claro el alcance de ese poder,  porque de acuerdo a la manera en que lo ejerzamos,  la influencia será para bien o para mal.

En adelante les comparto 10 principios base que le ayudarán a direccionar de manera positiva ese poder de influencia que Dios le ha dado, sobre sus hijos.

1.    Damos lo que tenemos

Busque primero su sanidad interior para que pueda impartirla a sus hijos.

Muchas veces cargamos con frustraciones y heridas del pasado que llevamos con nosotras hasta la vida adulta. Esto lo que hace es hacernos vulnerables emocionalmente y hacer más difícil el reto de formar otros corazones que están a nuestro cuidado; terminamos reproduciendo el ciclo e hiriendo sin querer.

Perdonar nos libera de esa enorme carga emocional, sentirán una libertad que nunca antes habían sentido y sobre todo, no reproducirán el patrón.

Permita que el Espíritu Santo entre y sane su corazón. Él lo sabe todo y conoce por lo que usted ha pasado.

Las madres debemos ser mujeres felices, mujeres sanas y libres; que disfrutemos lo que hacemos, ya sea cuidar a nuestros hijos y dedicarnos solo al hogar (que ya es tarea grande) o bien, combinarlo con otras responsabilidades fuera de la casa.

Debemos recordar que tenemos corazones a nuestro cuidado, que vamos a influir en ellos y vamos a transmitirles nuestros sentimientos. Si estamos amargadas, enojadas o infelices, indudablemente se lo transmitiremos a nuestros hijos.

2.    De lo que abunde en nuestro corazón hablará nuestra boca. (Lucas 6:45)

Es fundamental cuidar lo que dejamos entrar a nuestro corazón. En Proverbios 4:23 se nos aconseja administrar bien nuestro corazón (guardarlo con toda diligencia)  porque de él brotan los manantiales de la vida.

En otras palabras, somos responsables de lo que entre a nuestro corazón. Cuando somos niños aún no podemos hacerlo; los niños son receptores -sin filtro- de todo lo que les digamos.  Pero cuando somos adultos y una vez sano nuestro corazón, conviene que lo administremos de la mejor manera, llenándolo diariamente de todo lo bueno, todo lo justo y todo lo honesto.

El cuidado será diario, porque todos los días nos enfrentamos a circunstancias y personas que nos demandan una fuerte carga emocional.  El rol de madre es especialmente demandante en la parte emocional y requiere un corazón sano del que puedan brotar cosas buenas.

Inicie su día pidiéndole a Dios que llene por completo todos los rincones de su corazón;  así, de su boca brotará vida.

3. El perfecto amor echa fuera el temor (1 Juan 4:18)

Tenga siempre en su boca palabras de amor para sus hijos, incluso cuando deba corregirles y aconsejarles. Esto hará que conforme vayan creciendo no tengan temor de acercarse a usted para confiarle sus problemas y errores, porque tendrán la certeza de que a pesar de haberse equivocado, usted no les va a rechazar.

La corrección a base del temor lo que logra es que crezcan llenos de inseguridades y que su identidad sea dañada. El amor, por el contrario, les afirma. Independientemente de que no compartamos sus decisiones, no debe existir circunstancia alguna que provoque que nuestros hijos no se sientan hijos.

¿Encuentran sus hijos amor, protección, abrigo y seguridad en usted? Si no trabajamos eso, serán otros lo que lo hagan, y podría no ser de la mejor manera.

Que el amor de Dios se perfeccione en ustedes para que ustedes puedan darlo sin condiciones a sus hijos.

4.    Nuestro techo es su piso.

Una madre es una formadora por naturaleza. Esto significa que tenemos la capacidad de construir un nuevo legado para nuestros hijos.

Con la convivencia diaria iremos diseñando la plataforma sobre la cual nuestros hijos se afirmarán para formar sus propias familias.  El trabajo que hagamos con ellos hoy, será determinante para su futuro.

La tarea no es fácil, lo mejor es involucrar a Dios en esto para que nos de la sabiduría y fortaleza necesaria.  Hay algo cierto: si Dios decidió darnos los hijos que tenemos, es porque Él sabe que podemos hacerlo bien.

Su techo será el piso para sus hijos, y usted puede construirlo tan alto como quiera. Crea en esa capacidad, pídale sabiduría y dirección al Espíritu Santo para no repetir los mismos patrones dañinos que quizás usted vivió y comience a construir una nueva cultura familiar que quedará como legado para sus hijos.

5.    Atesore para sus hijos (2 Corintios 12:14)

Los hijos no deben hacer nada para que los amemos, su condición de hijos basta. Hábleles de la importancia de ser responsables y trabajar para conseguir las cosas que quieren, pero eso es por el bien de ellos mismos y que puedan alcanzar sus sueños, no para que usted los acepte o los ame como hijos.

¿Ha escuchado usted esa frase que dice: “qué mal pagan los hijos”?

Es importante erradicar esta equivocada concepción, porque la relación padres – hijos no es de conveniencia. No sembramos en ellos hoy para que nos deban pagar algo mañana. La maternidad no es condicional, ni está supeditada a lo que yo pueda conseguir a través de mis hijos en el futuro.

No cometamos el error de manipular a nuestros hijos para hacerles sentir culpables por todo lo que hacemos por ellos.  Es distinto enseñarles el valor de la responsabilidad, que las cosas se consiguen trabajando, que es bueno estudiar y superarse en la vida; por ellos mismos, no por nosotras.

Entender y aplicar esto servirá para que nuestros hijos crezcan seguros y emocionalmente sanos, porque se sentirán amados de manera incondicional, se sentirán hijos.

Diferencia entre ayudarles y hacerles las cosas.
“Dejé de ser niña el día en que le di la basura a mi mamá y ella no me la recibió”.

Este fue un tweet que publicó una de mis hijas hace un tiempo. Me hizo mucha gracia porque ella no podía creer que yo ya no le recibiera la basura. ¿Les ha pasado con sus hijos que cuando van en el automóvil y se terminan el paquete de papas tostadas se lo  entregan a usted como si fueran basurero?

El proceso de crianza de nuestros hijos debe incluir pequeñas graduaciones. Yo sé que nos cuesta mucho dejar de hacerles las cosas a nuestros hijos, no solo porque los amamos sino porque muchas veces es más fácil y rápido hacerlo nosotras que tener la paciencia de enseñarles a hacerlo ellos mismos.

En una ocasión cuando mi hijo tendría unos 18 meses lo observé tratando de alcanzar un juguete que estaba encima de un mueble; me volvía a ver como diciendo: ¡mami alcánzamelo!, yo aproveché esa oportunidad para “ayudarle sin hacerle las cosas”, le empuje un poquito el juguete, él se puso de puntillas y lo alcanzó.

Con pequeños actos vamos enseñando a nuestros hijos a valerse por sí mismos, nosotras estaremos allí para ayudarles y protegerles, pero también para animarles y permitirles demostrarse a ellos mismos de lo que son capaces.

 “Mami, ¿Dónde queda el Río Tempisque?» -Búscalo en el mapa, en el libro de Estudios Sociales o en internet. Esto es ayudarles sin hacerles el trabajo. Esa es nuestra labor, y no solo les ayuda a ellos sino a nosotras, sobre todo si queremos combinar la labor de madre con otras responsabilidades fuera del hogar.

No desee los hijos de los demás
Su hijo o hija es único e irrepetible. No cometa el error de comparar a sus hijos o esperar que ellos se comporten como los hijos de su amiga o su vecina, porque a ellos los está criando usted. Pero no solo eso, sino que todas las personas son diferentes, aún y cuando sean hijos del mismo padre y de la misma madre y se críen en el mismo hogar, son diferentes. (1 Pedro 4:10)

En primer lugar, los hijos son el resultado de sus padres, entonces si algo no le parece de su hijo, examínese usted primero. ¿Qué ejemplo le está dando? ¿Cuánto ha dedicado a su formación? ¿Qué interés ha puesto en sus gustos y necesidades?

Segundo, cada persona viene con su propio diseño y personalidad, usted puede pulir como se pule a un diamante para mostrar la mejor joya, pero el material siempre será diamante. Entonces,  lo que necesitamos es desarrollar la habilidad para identificar el talento de nuestros hijos y así poder encaminarles de la mejor manera, pero nunca podremos cambiar el material originario.

Finalmente, no pretendamos amoldar a nuestros hijos conforme a nuestras frustraciones o conforme al “ideal” que muchas veces nos vende la sociedad;  dese la oportunidad de ser una pulidora de talentos, sea la mejor motivadora para que sus hijos muestren con libertad y seguridad su propia esencia.  Recuerde que nadie puede influir más en ellos que usted.

No dude nunca de que usted puede lograrlo, no por casualidad esas personas han sido puestas en sus manos. Dios le conceda la sabiduría necesaria.

8.    No tenga miedo del futuro

A veces parece que las madres de alguna u otra forma  podemos predecir el futuro, porque muchas veces advertimos y acertamos. Ejemplo: “si se sube allí se va a caer”, “cuidado se corta con eso”, “se va a resfriar si no se pone el suéter’’ y de todas estas surge la favorita: ‘’se lo dije. ’’

Todas estas ‘’predicciones’’ no revelan en realidad un poder psíquico, sino que más bien confirman lo que hemos venido hablando: se trata del mayor poder de influencia: el ¡poder en la boca de una madre!.  Lo que declaramos sobre nuestros hijos se hace realidad, porque lo confesamos con nuestra boca y lo creemos con el corazón. Las palabras de las madres tienen poder, influencia y autoridad.

Conociendo esto, con mucha más razón les digo: ¿por qué temer al futuro si nosotras podemos moldearlo con nuestra boca? Claro, siempre habrá situaciones que nos tomen por sorpresa, pero es precisamente en esos momentos que nos damos cuenta de nuestra capacidad de ser madres.

A pesar de las preocupaciones, debemos mantener la fe y la confianza puesta en Dios, porque Él no se equivoca, y nunca nos pondrá a cargo de situaciones que no podamos enfrentar.

9.    La crianza: tiempo de calidad

“Lo que los hijos necesitan no es cantidad de tiempo sino tiempo de calidad”. Esta frase se utiliza mucho sobre todo para las madres que no podemos estar todo el tiempo en casa. ¿Pero qué quiere decir eso? ¿Cómo hacemos para medir la calidad del tiempo?

Lo primero que debemos tener presente es que nosotras podemos delegar la guarda (el cuido y la educación académica), pero no la crianza. La crianza es la cultura que moldeamos en ellos; es el nutriente que vamos poniendo en ellos para que dé fruto. Puede haber otras personas que influyan en nuestros hijos, pero seremos nosotras las que inclinaremos la balanza hacia uno u otro lado.

No existe un tiempo mínimo o máximo para estar con nuestros hijos, lo importante es qué hacemos durante esos momentos en que estamos con ellos. Un tiempo de calidad es aprovechar cada momento para marcar sus vidas de manera positiva. Cuando nos cuenten de sus sueños, no aterrizarlos de golpe. Cuando nos cuenten de sus necesidades, no ignorarles. Cuando nos cuenten de sus errores, no condenarles.

Usted sabrá qué calidad de crianza y tiempo le ha dado a sus hijos cuando se vea reflejada en ellos; si usted nota que todo lo que usted desaprueba de usted misma es lo que ellos mejor aprendieron a hacer y a ser, sabrá que eso fue lo que les mostró. Pero alégrese y siéntase satisfecha cuando vea en ellos su lado bueno, aquello que a pesar de no ser perfecto, es lo que ellos más recibieron de usted.

Converse con sus hijos. Que sus mejores tertulias sean con ellos más que con cualquier otra persona. Esto es establecer prioridades y mostrarles a ellos que para usted, nada es más interesante que las anécdotas que ellos les quieren compartir. Y usted sáquele provecho y de cada conversación extraiga una enseñanza.

10.  Ni somos perfectas ni debemos serlo.

Es mucha la carga que nos imponen -y nos autoimponemos- para ser mamás perfectas, y cuando creemos eso, la frustración puede desenfocarnos. Usted no es perfecta ni debe serlo.

Ser mamá es un ejercicio diario de prueba y error, lo importante es ir rectificando cada vez que nos equivocamos. Reconocer el error y si es del caso, ofrecer disculpas  a nuestros hijos.

Nunca se pierde autoridad cuando se reconoce un error, todo lo contrario. Les daremos lecciones de carácter y fortaleza espiritual a nuestros hijos cuando tengamos la entereza de sentarnos frente a ellos y decirles que nos equivocamos.

El amor cubre multitud de errores.

¿Quieren ser madres perfectas? Comiencen por aceptar que son seres humanos imperfectos con debilidades pero también con virtudes. Que a pesar de haber cometido errores en la crianza de sus hijos, es mejor equivocarse tratando de hacer algo bueno a no hacer nada. No se sienta mal de estorbarles (corregirlos), esto es una parte de la expresión de nuestro amor.

Crea y confiese que comienza un nuevo tiempo para ustedes y sus hijos. Usted está capacitada para influir y para transformar,  y con amor y autoridad construir una nueva cultura de Reino que alcanzará hasta mil generaciones!

Dios les bendiga!

monisegnini@gmail.com

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Mónica Segnini Acosta

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