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Los cuatro pináculos

Los cuatro pináculos

Durante el proceso entre la liberación de Egipto y el recorrido de cuarenta años a través del desierto (el contenido básico de los últimos cuatro libros de la Toráh o Pentateuco), se generan muchas historias relevantes, Pablo rescata cuatro que tienen una relevancia especial, cuatro pináculos que forjan la identidad del verdadero judío, del verdadero cristiano (1 Co 10:1-11). También cuatro valles, pero esos serán tema para nuestro próximo artículo.

La Obediencia

“Porque no quiero, hermanos, que ignoréis que nuestros padres todos estuvieron bajo la nube,…”

La nube representaba sombra y dirección en medio del agreste desierto. Por la noche la columna de fuego representaba luz, presencia. Simboliza la capacidad de seguir la dirección divina aun siendo un esclavo. Lo que en teología wesleyana llamamos “gracia preventiva”.

La Separación

“…y todos pasaron el mar; y todos en Moisés fueron bautizados en la nube y en el mar,…”

No se puede ser libre sin abandonar Egipto, sin romper con el pasado. Igual que el bautismo significa morir a lo que fuimos y renacer a lo que somos. Algunos nunca llegan a entender esa relación intrínseca entre bautismo y ruptura con la vida pasada. Como las parejas que viven en unión libre pero que no optan por el matrimonio. No hay muerte y resurrección en esa relación.

La Nutrición

“…y todos comieron el mismo alimento espiritual,…”

Comerlo a Él, su carne y su sangre, el verdadero Pan de Vida. Ese es el verdadero sentido de recibir a Cristo. No es solamente identificar ese pasaje con la Cena del Señor. Así es como lo interpreta una mente natural. Mas bien es digerirlo, integrarlo a nuestra anatomía, a nuestro metabolismo integral (cuerpo, alma y espiritu). También representa Su Palabra que es espíritu y es vida. Este es el maná de los hijos de Dios. La verdadera comida a la que aludió el Señor.

La Hidratación

“…y todos bebieron la misma bebida espiritual; porque bebían de la roca espiritual que los seguía, y la roca era Cristo.”

Podrías vivir cuarenta días sin comer, pero si acaso tres sin agua. Jesús le reveló a la samaritana Él es el Agua Viva. Que quien bebe de El, quien continúa bebiendo de Él, nunca más tendrá sed. Le enfatizo de esta manera porque hoy veo por muchas partes una iglesia que habiendo bebido del agua viva sigue sedienta. Porque sabiendo donde está el agua se ha acostumbrado a vivir en estado de deshidratación. Languidece en el desierto cuando el agua viva fluye a una oración de distancia. Bebemos de la fuente cuando dedicamos tiempo suficiente a la oración.

“Pero de los más de ellos no se agradó Dios; por lo cual quedaron postrados en el desierto.  Mas estas cosas sucedieron como ejemplos para nosotros, para que no codiciemos cosas malas, como ellos codiciaron.”

Bendiciones.

Pbro. Francisco Jiménez Cruz

Iglesia Metodista de Ciudad Quesada

Teléfonos: 2460 4133/ 8707 3726

E-mail: franysile@ice.co.cr

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