Lo que tengo doy

Hebreos 12:14

Seguid la paz con todos y la santidad sin la cual nadie vera al Señor.  Enfrentamos cada día diferentes retos y debemos aprender como vencer en medio de la adversidad y a pesar de……  Pues tratamos con personas de diferente opinión y carácter y, muchas de ellas muy cercanas a nosotros.

Si no nos cuidamos corremos el riesgo de ser afectados negativamente.  Pero ¿Qué sucede cuando esa persona somos nosotros mismos?  ¿Cuándo no hemos aprendido a vencer el carácter, la depresión y muchas otras cosas?.  Porque El Señor nos dice “Seguid la paz con todos” y la misma vida nos ha enfrentado con situaciones muy fuertes donde luchamos con nuestras propias opiniones y conflictos emocionales que nos van encerramos en un círculo donde nos juzgamos y hasta nos condenamos.

Si nuestro interior no está libre o vivimos reprochándonos con lo que hicimos, o dejamos de hacer, definitivamente no podremos vivir en paz como lo desea Nuestro Dios y Padre, sino que la condenación nos encierra en un círculo vicioso donde Dios no operara.

Él nos dice “seguid la paz”.  Urge que renunciemos a un sin número de eventos que han quedado archivados y hacer una limpieza total de lo que no nos alimenta para desocupar esa parte de nuestro corazón y nuestra mente para empezar a disfrutar del conocimiento Divino de La Palabra.  El guardar cosas dolorosas solo nos roba santidad, pues debemos estar libres para que El Espíritu Santo de Dios haga morada en nosotros.

El perdón a los demás, pero sobre todo el perdón a nosotros mismos marca una ruta sin obstáculos, un camino libre que nos lleva a la cima, a la meta y al final de la carrera, donde lo religioso toma otro rumbo y lo espiritual que es del Espíritu comienza a dar fruto.

Devolvamos el camino, determinemos disfrutar cada segundo de vida, pero de una verdadera vida sin reproches, sin resentimientos, sin temores y cobijémonos con la santidad, para poder ver a Dios y disfrutar todo lo que Él nos ha prometido.

Recordemos que el obstáculo lo ponemos nosotros, Dios quiere liberarnos pero también respeta nuestras decisiones.  Vale la pena hacer un alto y dejar de ver a los demás para vernos nosotros frente al espejo de la vida y desarraigar lo que nos impide el gozo y la salvación.  Lo que tienes interno eso es lo único que puedes dar, un corazón amargado transmite amargura, un corazón sano reproduce amor.

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Cecilia de Caicedo

Cecilia de Caicedo

Pastora del Ministerio de Consejería Muralla de Fuego
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