¿Listos para la libertad?

Nuestra alma, corazón y mente han sido llamados a libertad, comienza un año de restauración poderosa y ésta será activada en la medida que seamos alineados a la Palabra; en su obediencia se hallará la bendición (Deuteronomio 28).

El ímpetu que deberá revestir a la Iglesia y a todo aquel que desee recibir Su libertad, estará marcado por una constante exposición en humildad a la Presencia del Señor para aceptar con gozo la prueba que pulirá el corazón y los más íntimos pensamientos.

“Escudríñame, oh Jehová, y pruébame; Examina mis íntimos pensamientos y mi corazón.” Salmo 26:2

La prueba es el único espacio en que el corazón es depurado, limpiado y que nos garantiza alcanzar la estatura espiritual y el estado de plenitud al que Dios nos ha llamado, ya que dejamos en nuestra propia opinión valernos de nuestras obras y dones por obtener un corazón que halle complacencia ante el Padre.

El Espíritu Santo se encargará de guiar a cada persona que anhela y trabaja en oración como en ayuno para obtener libertad de áreas conscientes e inconscientes. Su trabajo en nosotros día con día se irá perfeccionando, debemos confiar en eso y descansar en Él sin afán.

Obtener la libertad no es algo que la Iglesia de Jesús aún no haya experimentado, sino que a muchas personas Jesús ha sacado de cautiverios y han alcanzando crecimientos acelerados no solo en poder sino en unción, experimentando sobrenaturalidad física, emocional y espiritual, siendo testigos de cómo lo natural se alinea evidenciando que fue producto de Su obra.

Ahora bien, ¿estará la Iglesia lista para la libertad? A esta pregunta podríamos responder fácilmente que sí, pero la ironía de la vida se presenta en este punto. Muchos anhelan ser liberados pero pocos conservan su libertad porque se niegan a desarrollar los frutos. Muchos anhelan ver una Iglesia según la gloriosa imagen que Dios ha dicho de ella, pero pocos se alegran del triunfo ajeno, ¿estaremos cumpliendo el segundo gran mandamiento, estamos amando realmente a <todos> nuestros prójimos sin excepción? (Mateo 12:43-44; Gálatas 5:16-26; Mateo 22:37:40).

Son principios que no deberemos descuidar una vez que Dios comience Su obra restauradora en nosotros. Seremos conocidos en el mundo espiritual y natural por los frutos, no por los dones ni el poder que emane de ellos, no por una posición y mucho menos por nuestra rebeldía. Procuremos ser según la imagen de Dios, amarnos, gozarnos por la bendición de nuestros hermanos, sin envidias sino buscando las victorias personales y trabajar por una mayor relación con el hermoso Espíritu Santo. (Mateo 7:20; Lucas 6:43).

Nuestra oración debe ser solicitar un corazón benigno, que desee [siempre] hacer lo bueno (Romanos 2:4) y anhelar vestir nuestro corazón del incorruptible ornato de un espíritu afable y apacible, es decir, mansos y dulces lo cual es de gran estima delante de Dios. (1Pedro 3:3-4).

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Stephanie Acuña

Stephanie Acuña

Lic. Relaciones Internacionales
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