Las dos caras de la Fe

“Es, pues, la fe la certeza de lo que se espera, la convicción de lo que no se ve… Por la fe Abraham, siendo llamado, obedeció para salir al lugar que había de recibir como herencia; y salió sin saber a dónde iba.”  Hebreos 11.1, 8

Cuando pensamos en la fe, lo primero que recordamos es el pasaje de Hebreos 11.1,  el cuál nos habla acerca de la fe como esa confianza y seguridad de lo que esperamos o que aunque no vemos sabemos que existe;  sin embargo, dejamos el pasaje a medio interpretar cuando no concluimos toda la lectura y nos quedamos en la parte poética del concepto.

Lamentablemente esa parte poética solo es la introducción de lo que sería una fe verdaderamente poderosa en la vida de los cristianos. Es como si miramos una moneda por la cara del escudo (refiriéndome a la moneda costarricense, todas sin excepción tienen el escudo en una de sus caras), es la parte lisa de la moneda, el maravilloso escudo de Costa Rica, sin embargo no sabrás cual es su valor verdadero hasta que veas la otra cara, la que tiene el valor de la moneda. De igual manera la fe tiene dos caras, y ambas son parte de la misma virtud teologal.

El verso 1 y hasta el 3 de Hebreos 11 nos da esa cara poética; como dije anteriormente,  entendemos que es la convicción interna del corazón, dentro sabemos que Dios lo puede hacer, estamos seguros que lo va a hacer, y que nada es imposible para Él.

No dudamos de lo todopoderoso que es nuestro Dios, de su voluntad soberana y su deseo de bendecirnos y mostrar su gloria en nosotros. Pero la otra cara de la moneda viene en el resto de los pasajes, cuando nos habla que la fe movió a Abel a ofrecer mejor sacrifico, a Enoc agradando a Dios con su estilo de vida, a Noé preparando el arca, sin saber ni entender lo que estaba por venir, y así menciona lo que llamamos héroes de la fe, manifestando que cuando un hombre o una mujer tienen fe es imposible que se queden sin hacer nada. La fe no nos apaga, pero si nos despierta, y cuando estamos despiertos tendremos la necesidad imperante de vivir, de hacer cosas.

La fe es un compromiso que asumimos en nuestra relación con nuestro Padre.  Solo cuando hay compromiso hay fe verdadera porque conlleva a las obra. Tener fe en Dios es estar comprometido con Él y sus planes y ese compromiso no es una obligación externa,  es una respuesta del corazón.

 Santiago 2:17 nos pone los pies sobre la tierra, cuando nos dice que la fe no existe sin las obras. Puede existir obras sin fe, pero jamás la fe estará excepta de estas. La fe supera la pregunta ¿Dios puede hacerlo? Y nos introduce a ¿Qué quiere Dios que yo haga, para que El haga lo que tiene que hacer?

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William Luna

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