La unción

El apóstol Pablo en el versículo tres de Efesios, llama a esta congregación y por extensión nos llama a nosotros a través de los siglos, desde que fue escrita esta epístola y nos dice a nosotros congregación «Estén solícitos en guardar la unidad del espíritu en el vínculo de la paz». Estar solícitos quiere decir, comprometidos en guardar la unidad del espíritu en el vínculo de la paz.

“Un cuerpo y un espíritu como fuisteis también llamados en una misma esperanza de vuestra vocación. Un Señor, una fe, un bautismo; un Dios y padre de todos Él cual es sobre todos y por todos y en todos.» Esa parte es a la unidad; en espíritu, compromiso, mentalidad, entendimiento de la palabra de Dios. La unidad de fluir juntos como un cuerpo fluye en sus movimientos en armonía y coherencia hacía un propósito específico.

En nuestros tiempos de oración y de adoración es el momento en que Dios envía su espíritu sobre nosotros y derrite el metal de los temperamentos y las personalidades y las proveniencias culturales. Y derrite todos esos metales de diferentes composiciones y hace de ellos una sola sustancia de unidad en el espíritu.

Dios quiere que nos amemos, que nos visitemos, que nos prefiramos unos a otros, que pongamos a un lado las barreras y que nos constituyamos en un solo espíritu; que bebamos de la misma agua.

Cuando hay tiempos de adoración, al correr la vista a veces uno ve a través de la Congregación que hay gente llena del espíritu adorando y experimentando la gloriosa presencia de Dios y hay otros con la mirada perdida y  vacía.

Y no lo digo para atacar, sino para expresar, yo creo que el deseo del espíritu Santo de que esas personas también entren en un mismo espíritu; que haya unidad, compañerismo en el espíritu. Dice la palabra del Señor: «Mirad cuan bueno es y cuan delicioso habitad los hermanos -¿cómo?- juntos en armonía». Dice que es como el óleo,  como el aceite que corre desde la cabeza y va por la barba y sigue bajando por las vestiduras hasta llegar al borde de las vestiduras. Y cuando hay esa unción de Dios que puede bajar es porque hay unidad, no hay nada que la interrumpa, dice que: «Entonces allí envía Jehová bendición y vida eterna».

Cuando derramó su espíritu sobre la iglesia en el día de Pentecostés, declaró ciertos dones y aptitudes en medio de su pueblo para que capacitaran y bendijeran al pueblo de Dios. Y algunos de esos dones y algunas de esas funciones del cuerpo de Cristo son los apóstoles, los profetas, los evangelistas, los pastores y los maestros. Son diferentes funciones. Los maestros enseñan, instruyen; los pastores nutren, dirigen, imparten orden, cobijan, aconsejan, administran.

Los evangelistas recogen almas y las traen yo creo que toda iglesia tiene gente con espíritu evangelístico, unción. Yo creo que Dios está preparando cosas grandes.

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Ana Fonseca

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Pastora Ministerio Dame La Mano
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