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La mujer en el ministerio II Parte

La mujer en el ministerio II Parte

El miedo es uno de los mayores opositores para que las mujeres puedan desarrollar la obra de Dios, porque se convierte en un lazo que ata de manos y pies a las personas para que estas no avancen. El temor nunca proviene de Dios.

“Pues Dios no nos ha dado un espíritu de cobardía, sino de poder, de amor y de dominio propio”. 2 Timoteo 1:7

Para que Dios nos use no necesitamos ser las más calificadas, no necesitamos estudios teológicos, o tener mucha facilidad de palabra, Dios lo que necesita es disposición, que le creamos, que creamos en sus promesas, en nuestro llamado, en el ministerio que tiene para cada una de nosotras.

Abraham Lincoln, antes de llegar a ser presidente, tuvo que pasar por una serie de fracasos, pero estos en lugar de desanimarlo y hacerlo renunciar a sus sueños, lo impulsaron a mantenerse en lucha para conseguir su propósito.

Cada fracaso fue un escalón para llegar al éxito:

En 1832, perdió las elecciones para senador; en 1833, fracasó en los negocios; en 1835, murió su esposa. En el año 1836, tuvo un colapso nervioso; en 1838, fue derrotado como representante a la legislatura. Luego en 1843, perdió las elecciones para ser nominado al congreso. En 1848, perdió por segunda vez las nominaciones al congreso. Cuando llegó el año 1849, su aplicación a la oficina de registros fue negada; en 1854, fue derrotado en las elecciones para Senado por tercera vez. En el año 1856 perdió la nominación a la vicepresidencia de los EE.UU. En 1858, también perdió las elecciones para Congreso. Y hasta en 1860 conquisto la presidencia de Estados Unidos. Después de 28 años de fracaso por fin obtuvo el triunfo.

La única manera de lograr grandes cosas para Dios es aprendiendo de cada “fracaso”, siendo perseverantes con un corazón dispuesto y obediente.

Nuestra meta es cumplir lo que dice en 1 Timoteo 2:15: “La mujer se salvará engendrando hijos, si permaneciere en fe, amor y santificación, con modestia”.

Este versículo nos habla de hijos espirituales, porque evidentemente una mujer no puede engendrar hijos, sino concebirlos, es el varón quien engendra hijos naturales; pero las mujeres podemos engendrar hijos espirituales en la oración; así como Ana engendró a su hijo Samuel con un clamor, con lágrimas y con fe, después de haber sido una mujer estéril por muchos años, así nosotras podemos engendrar multitudes de hijos en la oración.

Si hemos sido estériles ministerialmente ¡Este es nuestro tiempo!

danicarranza56@hotmail.com

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Daniela Carranza

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