La cruz

Lucas 23:33¿Por qué murió Jesucristo? Pues para salvarnos… ¿Salvarnos de qué? La palabra salvación deriva de una palabra griega que significa liberación,. En el Nuevo Testamento se le usa indistintamente como liberación de peligros, libertad, salud y liberación espiritual. Por lo tanto, la salvación no solo tiene que ver con el cielo, sino también, con la preservación de toda nuestra vida. En la Biblia, el único Salvador es el mismo Dios, nuestro Señor Jesucristo.

El hombre se encuentra en desgracia producto del grave desorden que su rebeldía para con Dios ha generado en todas las áreas de su vida.  Por eso la Salvación, libra al hombre del dominio del pecado y la muerte, llevándole al goce de una vida eterna y de comunión renovada con su Creador. Es tanto el daño del hombre, que requiere de un agente externo para poder salvarse. Muchas veces nos jactamos de no necesitar nada, cuando, en realidad, como cualquier ser humano necesitamos de la ayuda y colaboración de los demás.

Nuestro mayor problema con la salvación cristiana es que nos reduce  a reconocer que necesitamos totalmente del Señor para nuestro bienestar. Por ejemplo, ¿Hemos estado algún día en peligro de ahogarnos? ¿Dónde? ¿Cómo nos rescataron?  Seguro que primero intentamos salir por nosotros mismos hasta que perdemos todas las fuerzas. Cuando llega el salvavidas, él tiene instrucciones precisas sobre cómo acercarse a la víctima, tomarlo y mantenerlo para poder salvarlo. La única colaboración del casi-ahogado es la entrega incondicional y la sumisión absoluta. Total, no está en condiciones de negociar y menos de reclamar.

Jesucristo nos salvó de una manera muy singular: Tomó nuestro lugar, pagó por todas nuestras culpas y con la justicia satisfecha restituye al hombre en comunión con Dios. Esto es muy bello, pero no fue fácil.

Al llegar al lugar del suplicio es inmisericordemente desnudado, añadiendo y despertando aún más el sufrimiento Lo extienden sobre el suelo y en cada muñeca es depositado un clavo. Al hundirlo en el carpo, el nervio mediano resulta gravemente lesionado, el dedo pulgar se hace inservible al replegarse sobre la palma de la mano, resultando todo en un dolor atroz y una permanente minusvalía. Luego de esto, Jesús debe incorporarse, fijándolo junto con él a la cruz. El cuerpo pende únicamente de las muñecas, hasta que un clavo atraviesa los dos pies cruzados y se fijan a la madera.

Pero Jesús calló y entre las pocas palabras que en la cruz pudo expresar, El dijo: “…Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen”,

Tomemos tiempo para volver a tener un encuentro con el Cristo que pagó el precio por nuestra salvación; pero no para llorar su muerte, sino para cantar la victoria de la resurrección y decirle al mundo como los ángeles: ” … ¿Por qué buscáis entre los muertos al que vive? No está aquí, sino que ha resucitado

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Ana Fonseca

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Pastora Ministerio Dame La Mano
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