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La comunicación medicinal en el matrimonio

La comunicación medicinal en el matrimonio

En Proverbios 16; 23-24, encontramos: “El corazón del sabio hace prudente su boca, y añade gracia a sus labios. Panal de miel son los dichos suaves; suavidad al alma y medicina para los huesos”.

Frases como: “lo puedes lograr”, “eres alguien muy especial para mí”, “lucharé porque te amo”, “a tu lado me siento muy bien”, “Dios se esmeró en hacerte”, “confía en el Señor y confía en mí”, “¡qué linda eres!”, “¡Este es mi hombre!”, “te amo como eres”, son solo algunas expresiones que pueden ayudar a que nuestras relaciones mejoren.

Las palabras suaves, bien intencionadas, con cariño y aprecio, producen un efecto curativo y terapéutico. Un intento continuado y reiterativo por utilizar palabras estimulantes, marcará la diferencia. Este tipo de palabras dan ánimo y nuevas fuerzas.

Recordemos que las palabras no son lo único que utilizamos para comunicarnos. El abrazo, la caricia, la sonrisa (no irónica), tomarse las manos, el coqueteo con los ojos, son altamente vivificantes.

Los seres humanos tenemos necesidad de afecto, de contacto, de cariño. Bloqueos emocionales pueden hacer que uno de los cónyuges, o ambos, no pueda mostrar esta afectividad. Algunas de estas dificultades provienen de la infancia, porque no se recibió el trato adecuado: casi nunca hubo un abrazo, una caricia, una palabra de aliento. Por el contrario hubo reproches, insensibilidad, agresiones, violencia. Las personas que recibieron poco afecto en su niñez se vuelven dependientes en sus relaciones matrimoniales, son pasivas,   temerosas, son vacilantes e inseguras.

Un estudio elaborado por la Universidad de Virginia, en Estados Unidos, determinó que el nivel de estrés de una mujer, disminuye radicalmente al sentir el contacto físico de su esposo. Al estudiar a 16 mujeres sometidas a descargas eléctricas, los neurocientíficos encontraron que  la resonancia magnética del cerebro de ellas presentó una baja en la respuesta cerebral ante la amenaza al tomar la mano de sus esposos, y una disminución menor al sostener la  mano de un desconocido.

Otra investigación publicada en la revista “Family Matters”, permitió determinar  que el matrimonio reduce el riesgo de problemas mentales tanto en hombres como en mujeres.  Si la pareja logra establecer una correcta relación, estará combatiendo la soledad y el estrés.  Los divorciados o separados tenían la mayor predisposición alta a sufrir ansiedad y desequilibrios anímicos.

La piel humana contiene más de cinco millones de receptores. Estos remiten impulsos nerviosos al cerebro desde la mano. Sólo en la yema de los dedos contamos con 3000 de esos receptores. Cuando abrazamos o tocamos la mano de nuestra esposa o esposo, estamos logrando que se reduzca el pulso y disminuya la tensión arterial. Los científicos creen que aún los pacientes en coma, mejoran sus pulsaciones cuando se les toma de la mano.

Nuestras manos fueron creadas para acariciar. Nuestros brazos diseñados para el abrazo amoroso. Nuestra boca fue hecha para pronunciar palabras que alienten, animen, inspiren y hagan crecer a la otra persona.

marioaguilarpcr@gmail.com

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Mario Aguilar

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Conferencista Familiar
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