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Hijos – Herederos del Padre

Hijos – Herederos del Padre

La Biblia contiene un gran número de promesas para aquellos que han aceptado la adopción que el Padre Celestial nos ofrece a través del sacrificio de Cristo, promesas que son la herencia que tenemos como hijos e hijas de Dios; herencia que muchas veces tratamos de hacerlas validas en nuestras vidas, oramos y reclamamos esas promesas confiando que el Padre nos va a responder de manera afirmativa. Sin embargo cuantas veces nos quedamos esperando la respuesta y no llega, podríamos decir que no era la voluntad de Dios o que había algo mejor para nosotros o que no es el tiempo aún, diríamos que todo esto pudiera ser cierto, sin embargo hay otra posibilidad y solo es que aunque somos hijos aún no hemos llegado al nivel de ser herederos. Dios no quiere que nosotros seamos solamente hijos, sino que desarrollemos el carácter de hijos herederos. Lo que El desea poner en nuestras manos en mucho más que recursos materiales, tiene que ver con algo más que las cosas temporales de este mundo. Son los tesoros del Reino de los Cielos, y no puede estar en manos de niños fluctuantes, llevados por sus emociones o por el engaño de los enemigos del Reino.

  Es necesario que los Hijos – Herederos sean capaces de sostener y multiplicar lo que se nos entrega, deben de tener la madures para no permitir que el enemigo les robe la herencia y tener el coraje de defender lo que se les entregó y ellos deben de entregarlo a otros herederos que vienen tras ellos.

  En los países donde aún conservan las figuras monárquicas, los padres tienen la visión de preparar a sus hijos para que piensen, hablen y actúen como lo que son: hijos e hijas de reyes, ya que  esperan que sean los que gobiernen en su lugar; no solo están formando hijos e hijas están desarrollando herederos y herederas del reino.

 Tú y yo no solo somos hijos de Dios, somos herederos de Dios y coherederos con Cristo (Romanos 8.17). Nuestro Padre Celestial, por medio del Espíritu Santo y su Palabra, nos está educando, formando y entrenado para que pensemos, hablemos y actuemos no solo como hijos de Dios, sino que también como herederos del Reino, para que siendo maduros en nuestra fe seamos capaces de entender y aceptar su voluntad.  De la misma manera como la falta de madures impide que una persona pueda tomar posesión directa de una herencia, y aunque es dueño legítimo, no tiene la capacidad de asumir la responsabilidad de manejarla, así mismo nuestra falta de madures espiritual nos es impedimento para que podamos recibir muchas promesas que el Padre nos ha dejado, son nuestras, pero si no estamos listos para administrarlas de la manera correcta, para el propósito del Reino y la voluntad de Padre, están siendo retenidas hasta ese momento:

Pero también digo: Entre tanto que el heredero es niño, en nada difiere del esclavo, aunque es señor de todo; Gálatas 4.1

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William Luna

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Iglesia Cristian Discípulos de Cristo en Siquirres
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