Hablemos lo practico

Proverbios 3:5   Fíate de Jehová de todo tu corazón y no te apoyes en tu propia prudencia.

En días pasados, tuve la oportunidad de estar en un funeral, y escuchar comentarios de diferentes amistades, conocidos y familiares de quien reposaba dentro de aquel ataúd.  Pude entender que era muy admirada, excelente trabajadora, cristiana de gran trayectoria, madre, esposa ejemplar, y hasta se comentaban y piropeaban su buena cuchara, excelente cocinera, mujer abnegada, y servicial, entregada a su profesión como médico y hasta su Pastor se refirió con ojos llorosos «era uno de los pilares más fuertes de la Iglesia», gran intercesora, predicadora y sembradora.

Entonces medite a solas: y me pregunte ¿alguna vez esta gran mujer escucharía tantos elogios?, ¿recibiría una vez en su vida una canasta de rosas blancas, similar a las que ahí se exhibían destilando su aroma?.  ¿Le llamarían los hermanos y hasta su mismo pastor, alguna vez para reconocerle su entrega?, ¿le llevarían alguna vez una serenata como la que deleitaba al público en el momento que la sembraban en la tierra?.

Tuve tiempo para mí y me pregunte, ¿Porque esperamos un aniversario o día especial para dar un presente a quien amamos y admiramos?, ¿porque esperar a que se enferme para llevarle una sustancia o antojo, si a lo mejor no lo podrá saborear?.  Aun peor, ¿porque esperar un velorio donde ya no ve ni escucha, ni está? Somos extraños, ¿porque no decir a nuestros hijos lo importantes que son hasta que ya salen de la casa?,  Expresemos lo que sentimos, entreguemos lo que somos ahora que respiramos ¿Para qué hacer tanto reconocimiento cuando no se ve ni se escucha?.

Es tan importante un «Te quiero», eso se disfruta, nos anima y hasta lo saboreamos, a la vez lo podemos recompensar ¿Porque pedir perdón cuando se van?, En verdad que los humanos somos extraños, demandamos y nos quejamos de lo mínimo, pero que poca gratitud tenemos hacia quien tanta satisfacción nos ha dado.  Ese día escuchaba los discursos tan elogiosos, no había un solo defecto, para nada. Los que estamos respirando, escuchamos, nos deleitamos de los demás, es más: la persona que partió, desconoció lo importante que era, solo la familia pudo recibir lo que ellos nunca habían sembrado.

Seamos leales, Jesús dijo: Gozaos en aquel día y alegraos, porque he aquí nuestro galardón en grande en los Cielos.  Sigamos trabajando en la obra del Señor, y dando lo mejor de nuestras vidas, sembrando y esperando el cumplimiento de Su Palabra.  Y todo lo que hagamos que sea con excelencia para nuestro Rey, porque Él si ve lo que el hombre no ve.  Regocije monos, deleitémonos y esperemos ese susurrar maravilloso del Padre, cuando nos diga: Ven buen siervo y fiel, en lo poco fuiste fiel en lo mucho te pondré, entra en el Gozo de tu Señor.

SOLO ÉL ES FIEL

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Cecilia de Caicedo

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