¿Estamos preparados?

I Pedro 4:7 Más el fin de todas las cosas se acerca; sed pues sobrios y velad en oración.

Por los años 60 muy niña aun, escuchaba a la gente alarmada decir “el fin viene”, recuerdo el temor que aquello provocaba, sabía que había un Dios que solo castigaba al menos era lo que escuchaba decir a los abuelos y a los padres.

Mirando al cielo en las tardes, en medio de una montaña que era donde vivía, alejada del bullicio de la ciudad, sin medios de comunicación, radio, y mucho menos televisión, pero en aquella inocencia sabía que existía un Dios, pero eso por instinto y que castigaba el mal y que mandaba al infierno a los malos y muchas veces llorosa y escondida pensaba, ¿me castigará a mi Dios?. Dentro de mí siempre hubo preguntas sin respuestas, pues mis padres solo creían en una religión que había que seguir pero nada más.

La Semana Santa recuerdo a mi mamá llorando porque habían crucificado a Jesús, no se encendía el fuego, no se hacía absolutamente nada, porque todo era malo, solo ver al cielo y pensar.  Los años pasan y esa niña inocente descubre que hay un Señor y Salvador y que no hay que llorar porque fue crucificado, sino que tenemos que deleitarnos porque fue absorbida la muerte, porque ya no hay condenación para los que hemos creído en Cristo y le hemos entregado el corazón.

El domingo escuchaba al Apóstol Rony predicar de  I Corintios 15, y aquella niña se devolvió y vivió paso a paso su niñez religiosa, horriblemente temerosa pero despierta a una realidad.  Jesús vive, ya no sudaba de miedo, sino suspiraba de agradecimiento por haber roto las vendas y haberme sacado de aquel mundo de tinieblas e ignorancia.

Hace 32 años aquella niña despertó a la realidad, ya no tiene un Dios castigador, sino un Padre lleno de amor, ya no hay fin del mundo con fuego y castigo, sino una espera ansiosa de la venida del Amado.  Me supo tan delicioso ese manjar dominical y especialmente cuando escuche el verso: ¿Dónde está oh muerte tu aguijón? ¿Dónde oh sepulcro tu victoria?.  Y si Cristo no resucitó vana es entonces nuestra predicación, vana también nuestra fe.

Es maravilloso cómo Dios hace transformaciones y cómo nos va guiando, pensaba en la ignorancia religiosa que solo presenta un Dios inerte, sin vida, histórico, castigador pero nunca Misericordioso y como se contradicen así mismos, pues también se vale el pecado pero en otros días que no sea Semana Santa.  El Espíritu Santo nos guía, nos arranca las vendas porque su amor va más allá.  Nunca muestres un Dios de juicios, yo te invito a conocer un Dios Paternal lleno de amor, que no puede amar el pecado pero recibe al pecador, solamente declararlo Señor de tu vida.  DIOS ES NUESTRO LIBERTADOR

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Cecilia de Caicedo

Cecilia de Caicedo

Pastora del Ministerio de Consejería Muralla de Fuego
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