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El Espíritu Santo en el Génesis Parte 6

El Espíritu Santo en el Génesis Parte 6

Continuando con la lista de actitudes que los hombres podemos asumir y sostener respecto a la persona del Espíritu Santo están las siguientes:

Pueden “contristar” –entristecer, al Espíritu Santo (Ef 4:29-31). Doctrinas no cristianas definen convenientemente al Espíritu de Dios como algo impersonal, como una fuerza o una emanación; tan personal como el viento o la radiación de los elementos. Esta forma de pensamiento le despoja intencionalmente de cualquier noción de emociones o sentimientos que pudiera tener. Como inquiriera Santiago:

Santiago 4:5  ¿O pensáis que la Escritura dice en vano: El Espíritu que él ha hecho morar en nosotros nos anhela celosamente?

‘Anhelo’ y ‘celos’ son manifestaciones emocionales. En rivalidad con el mundo y las tinieblas del pecado, los sentimientos de Dios afloran en este caso como tristeza, puesto que en su gracia Él ha provisto todo lo necesario para que su pueblo le sea fiel, en tanto mantiene una vida cristiana victoriosa. La vida en el Espíritu es sinónimo de vida en abundancia (Juan 10:10). A Él le entristece el pecado y la rebelión de los suyos. La insensibilidad de aquellos que desestiman el hecho de que son “templo del Espíritu Santo” (1 Cor 6:19).

Pueden “resistir” al Espíritu Santo (Hec 7:51). Una de las funciones más significativas del Espíritu de Dios es la de convencer, persuadir o disuadir a los seres humanos. El apóstol Juan escribió:

Juan 16:7-11  Pero yo os digo la verdad: Os conviene que yo me vaya; porque si no me fuera, el Consolador no vendría a vosotros; mas si me fuere, os lo enviaré. Y cuando él venga, convencerá al mundo de pecado, de justicia y de juicio. De pecado, por cuanto no creen en mí; de justicia, por cuanto voy al Padre, y no me veréis más; y de juicio, por cuanto el príncipe de este mundo ha sido ya juzgado.

Es aquí donde topamos con el famoso ‘libre albedrío’ de los hombres. El sagrado derecho que Dios confiere a sus criaturas inteligentes, agentes morales libres, de elegir sus acciones cualesquiera que sean en su naturaleza y sus consecuencias. Nadie sirve a Dios por la fuerza. Es esta una elección que hacemos en pleno uso de nuestras facultades. Es la libertad que Dios nos concede ya sea para ser sus siervos o simples esclavos del pecado. Al final, lo que el mundo llama libertad, que tiende a degenerar más bien en libertinaje, no es sino otra forma de esclavitud al reino de las tinieblas.

En síntesis, fue la decisión soberana del Altísimo que su Espíritu no contendería más con el hombre en los siguientes 120 años, y sin embargo le vemos hoy en una y otra forma operando a favor de la salvación de todos aún cuando, igual que entonces, los hombres le resistan. Su amor es impresionante, sin embargo, no es una garantía ya que todos ignoramos el tiempo de nuestra muerte, también el de su venida, así que bien conviene ponerse a cuentas con Dios.

Teléfonos: 2460 4133 o 2460 2822/ 87073726

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Francisco Jiménez Cruz

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Pbro. Iglesia Metodista de Ciudad Quesada
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