Es verdad, créame!

No sé si le ha pasado, que se identifica usted mismo una muletilla mientras expone algún tema o en sus conversaciones diarias.

Yo pensaba que no tenía ninguna! Hasta que un día mientras trabajaba en mi tesis de maestría… Escuchando un audio donde yo daba una charla me di cuenta que repetidamente decía la palabra “verdad”. Detuve el audio y lo volví a escuchar para asegurarme que era correcto lo que escuchaba.

En ese momento, incliné mi cabeza e hice una simple pero ferviente oración a Dios: Por favor dime por qué repetidamente digo la palabra “verdad”?

Inmediatamente, pude ver como mi infancia pasaba frente a mis ojos como una película… Pasaba mucho tiempo jugando sola o rodeada de animales que estaban en la finca donde yo vivía… Recordé cuando montaba terneros, cuidaba los perros quitándoles “basurillas”  (eran garrapatas) y también pescaba “pececitos negros” usando un colador, en realidad eran renacuajos. Hoy no me atrevo!!!

Disfruté mucho mis días en esa hermosa finca… Tengo hermosos recuerdos, algunos accidentes por ahí; pero realmente fue una infancia sana. Sin embargo, a pesar de estar bajo el cuidado y afecto de mis tíos, carecí de ingredientes necesarios para una niña en esa etapa de la vida: abandono de ambos padres, no tenía personas adultas que me afirmaran o reconocieran las simplicidades de dibujos que hace una niña… o los aportes tan repetidos que dicen, o lo insistentes que son cuando quieren hacer algo… Crecía con inseguridad (constantemente iba de una casa a otra), contaba con pocas palabras de afirmación como: “Lo hiciste bien! “

Después de mirar esa “película de mi infancia” pude entender porque repetidamente decía la palabra “verdad”. Esas carencias en mis primeros años, estaban relacionadas con la necesidad emocional que tienen los niños de sus padres. Al crecer, inconscientemente quería validar mis palabras y repetidamente decirle a las personas que me escuchaban: “Créame!! Es verdad lo que le digo!! Buscando aprobación y reconocimiento de los demás.

Lloré mucho al entender esta “verdad”, pero qué bueno que me sucedió porque inmediatamente, Dios habló a mi corazón: No necesitas agradar a los hombres, ni esperar los aplausos. Ese día fue muy especial para mi, comprendí que a pesar de las carencias, El es suficiente para llenarnos en todo. Y al único a quien debemos agradar es a Dios. “Porque Jehová no mira lo que mira el hombre; pues el hombre mira lo que está delante de sus ojos, pero Jehová mira el corazón”. 1 Samuel 16:7b

Dios es el mas interesado en sanar el corazón de los hijos. Si identificas alguna carencia en tu vida… Qué bueno! Este es el tiempo de abrir tu corazón, Él te sanará!

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Andrea Carballo

Andrea Carballo

Pastora - Terapia de Familia Iglesia Oasis
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