23 agosto, 2019 4:52 am
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EL PRINCIPIO DE LA UNIDAD

EL PRINCIPIO DE LA UNIDAD

En Efesios 4, encontramos que antes de la “Unidad de la Fe”, el Apóstol Pablo insta a la Iglesia a ser solícitos en guardar la “Unidad del Espíritu”. Es decir que, sin Unidad del Espíritu, difícilmente lleguemos a la Unidad de la Fe.

La Unidad del Espíritu será el resultado del andar de cada Hijo, El Apóstol le llama “andar como es digno”, manifestando la naturaleza del Padre, por lo cual es un llamado urgente a desarrollar ciertas características, “os ruego” les dice, por causa de lo que Cristo ya conquistó y delegó a la Iglesia. La Unidad del Espíritu no es una opción es una prioridad.

El principio de Unidad lo encontramos a lo largo de las escrituras comenzando desde el Génesis en adelante. Cuando el Padre creó el hombre y la mujer, dijo claramente que ya no serían dos, sino uno. En el original hebreo la palabra utilizada para unidad es Ajad, que implica el concepto de unidad compuesta.  se utiliza por primera vez en Génesis.

– Y llamo Dios a la luz día y a las tinieblas llamó noche. Y fue la tarde y la mañana un día. (Génesis 1:5)

– Por tanto, dejará el hombre a su padre y su madre, y se unirá y serán una sola carne. (Génesis 3:24)

En ambos pasajes vemos que uno, está compuesto de dos elementos que forman uno. Hay una unidad compuesta al unir dos.

Jesús afirmaba que El y el Padre eran uno. Él no podía hacer nada, sin el Padre. Su oración estuvo enfocada en la unidad de sus discípulos como base fundamental para que el Reino se extienda y el amor del Padre por la humanidad sea dado a conocer.

– … No puede el Hijo hacer nada por sí mismo, sino lo que ve hacer al Padre; porque todo lo que el Padre hace, también lo hace el hijo igualmente. (Juan 5:19)

– Yo y al Padre uno somos (Juan 10:30)

– Para que todos sean uno; como tú, oh Padre, en mí, y yo en ti, que también ellos sean uno en nosotros; para que el mundo crea que tu me enviaste. La gloria que me diste, yo les he dado, para que sean uno, así como nosotros somos uno. Yo en ellos, y tu en mí, para que sean perfectos en unidad, para que el mundo conozca que tu me enviaste, y que los has amado a ellos como también a mi me has amado. (Juan 17:21-23)

El Apóstol Pablo nos habla en 1 de Corintios de la Unidad, manifestada en la diversidad de operaciones. EL Padre, el Hijo y el Espíritu manifestados en la diversidad de operaciones, pero en la unidad de propósito.

-Ahora bien, hay diversidad de dones, pero el Espíritu es el mismo. Y hay diversidad de ministerios, pero el Señor es en mismo. Y hay diversidad de operaciones, pero Dios, que hace todas las cosas en todos, es el mismo. Pero a cada uno le es dada la manifestación de Espíritu para provecho. (1 Corintios 12:4-7)

El Apóstol Juan en su primera carta, menciona claramente como la obra del Padre estableció la unidad entre cielo y tierra. El Cielo y la tierra están unidos mediante la obra redentora de Cristo.

-Porque tres son los que dan testimonio en el cielo: el Padre, el Verbo, y el Espíritu Santo; y estos tres son uno. Y tres dan testimonio en la tierra: El Espíritu, el agua y la sangre; y estos tres concuerdan.

La obra de Cristo ha sido completa y la iglesia a sido llamada a establecer esa Gloriosa obra, pero solo será establecida si caminamos en la Unidad de Espíritu.  

El concepto de unidad lo podemos comprender también, básicamente, a través de la biología. La célula es la unidad básica de todo ser vivo, pero a pesar de los múltiples organelos que posee, su función y propósito están determinados por la información aportada por el ADN. Organizada en función del ARN mensajero que interpreta y decodifica la sustancia proteica a fabricar, todos los organelos ejecutan fielmente las ordenes emanadas de este, dando identidad a la célula según el órgano al que pertenecen. El fin no es la célula en sí misma, sino el cuerpo en su plenitud. La unidad está determinada por la fuente que posee la información y determina el propósito.

Es este principio de unidad que el Apóstol Pablo, llama a la Iglesia a guardar. No es una unidad basada en criterios, es una unidad basada en el propósito eterno, en Quienes son el Padre, el Hijo y el Espíritu. Unidad no es ausencia de conflicto, ni compatibilidad de personalidades, unidad del Espíritu es el resultado de la madurez del carácter, por lo cual el Apóstol, antes de hablar de la constitución de los ministerios, les insta a los creyentes a desarrollar ciertas características que determinaran la paz en los vínculos, porque: cómo estableceremos tan gloriosa obra si quienes conformamos el cuerpo de Cristo estamos divididos entre nosotros. Todas las cosas fueron restauradas en Cristo, y nosotros no podemos escapar de la responsabilidad que tenemos de guardar la unidad del Espíritu.  Volviendo al capítulo 4 de efesios, el Versículo 2 dice, cómo debemos andar:

– Con toda humildad y mansedumbre, soportándoos con paciencia los unos a los otros en amor.

Humildad y mansedumbre van juntas, aunque no son sinónimos, ambas conllevan el concepto de sufrir frente a las injusticias que sufren otros, pero no se resiente por las injusticas que pueden causarles a ellos mismos. En el original manso viene del verbo griego Praus, que se usaba para el animal que había sido adiestrado a obedecer las riendas o la voz de mando. Jesús dijo: Llevad mi yugo sobre vosotros, y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón; y hallareis descanso para vuestras almas; porque mi yugo es fácil y ligera mi carga. Ser manso y humilde es el resultado de haber aprendido a someterme a la voz de quien mi instruye. Es alguien adiestrado en “oír”.

El Apóstol va más lejos y estable la base sobre la cual deben asentarse los vínculos para que la “unidad del Espíritu”, sea posible y nos dice: Soportándoos con paciencia “unos a otros en amor”. La palabra paciencia en el original griego es makrothymia, encierra la idea del temple que jamás admite la derrota, que no es vencido por ninguna tarea, que no es quebrantado por ninguna desgracia o sufrimiento, que no se detiene ante el engaño y el desaliento, sino que persiste y aguanta hasta el fin. Es decir, soportar con paciencia no es “aguantar al hermano”, sino que es transformarse en una base o columna sobre la cual mi prójimo puede apoyarse o reposar.

Madurez es central para la unidad, porque implica no esperar del otro, sino ser una persona que a desarrollado una capacidad de oír (primeramente, al Padre y por ende al hermano, ya sea en sus necesidades, planteos, conflictos, etc.), y se transforma en alguien capaz de sostener al débil, al que ha caído, al que está triste, es la base, el soporte donde reposará la construcción del edificio.

Finalmente, la unidad reposa en la conciencia que cada uno tiene en cuanto al lugar que pertenece, la vocación que comparte, los principios y valores que conforman, el Señorío ante quien se rinden y la fuente (el Padre) que originó todo lo que fue, es y será. Aunque a cada uno se nos otorgo el privilegio de ser manifestadores de su gracia.  

-Un cuerpo, y un Espíritu, como fuiste también llamados en una misma esperanza de vuestra vocación; Un Señor, una fe, un bautismo, un Dios y Padre de Todos, el cual es sobre todos, y por todos, y en todos. Pero a cada uno de nosotros fue dada la gracia conforme a la medida del don de Cristo. Efesios (4:4-7)

Caminemos en por de la Unidad del Espíritu para establecer el Reino con poder y Autoridad.

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Patricia Puyol

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Pastora Patagonia, Argentina
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