11 agosto, 2020 9:26 am

El poder de la alabanza

Hemos sido diseñados a la imagen y semejanza de Dios. Somos portadores de su imagen y estamos hechos a su semejanza. El diseño de Dios para nuestra vida es que vivamos en libertad. Dios nunca nos diseñó para vivir en opresión, Dios es un Dios de libertad, la palabra dice que donde está el espíritu de Dios hay libertad.

El enemigo nunca estuvo de acuerdo en que vivamos una vida de libertad, él vino a hurtar, matar y destruir el diseño de Dios en nuestras vidas. El introdujo la opresión, la esclavitud, la cautividad en la vida del hombre. En Juan 1:34 vemos que el enemigo introdujo el pecado y el pecado esclaviza. Dios no nos diseñó para pecar ni para el pecado, Él nos diseñó para vivir una vida de libertad.

Cristo en la cruz venció el pecado y nos dio una naturaleza de libertad, por eso cuando estamos en Cristo la carne va al lugar correcto, a la cruz. Nosotros podemos vivir una vida de libertad si cada día nos rendimos a Dios, “más de Él y menos de mí”.

Nuestro “yo” puede llegar a ser nuestro peor enemigo sino estamos rendidos y humillados. Ese “yo” quiere dictar sus leyes, sus normas, gobernarnos, pero no hemos nacido, ni hemos sido diseñados para ser gobernados por nuestro ego, sino para ser gobernados por el espíritu y así vivir una vida plena en Cristo Jesús. (Gálatas 2:20)

Cuando estamos crucificados, estamos muertos para el pecado y la carne, Cristo vive en nosotros por lo tanto las ofensas, las heridas, las maldiciones, el orgullo son llevados a la cruz, porque es el único lugar donde se puede morir para vivir. Él nunca fue oprimido por lo tanto como somos su imagen y semejanza debemos vivir en libertad.

Libertad no es hacer los que se nos da la gana, libertad no es placer, no es pecar tranquilo, eso es esclavitud (Gálatas 5:13). Libertad para Dios es poder vivir una vida de plenitud, de excelencia, sin pecar. Libertad es Jesucristo.         “A libertad fuisteis llamados solamente que no uséis la libertad en ocasión para la carne…” 

La religión oprime, persigue y no nos deja vivir la verdadera libertad en Cristo, no deja disfrutar de la gracia y el perdón.  La libertad en ocasiones es cuartada por la religión, debemos renunciar a todo espíritu de religiosidad porque a libertad gloriosa nos ha llamado Jesucristo.

El opresor ahoga, asfixia el potencial en nuestra vida, quiere castrar, manipular para que nosotros abortemos el propósito. Trabaja persiguiendo, quitando la libertad y los derechos a otros. El hombre fue creado a imagen y semejanza de Dios, era un ser en completa libertad, tenían el corazón del Padre, fluían con la mente de Dios; este es el diseño original y es el que Dios quiere que disfrutemos.

Dios ha entregado a todos los hombres la capacidad de vivir en libertad y vivir en conexión con Dios.  La opresión impide la realización del propósito de Dios en nuestras vidas, no se puede soltar el potencial. La opresión oprime y maltrata, deja huellas tangibles sobre la mente de la persona, es por eso que debemos conocer la verdad, y la verdad nos va a hacer libres.

Dios nos ha hecho libres de las circunstancias, libres de tener y no tener, hemos sido diseñados para vivir una vida de libertad. El Apóstol Pablo decía “soy siervo de todos y soy libre de todos”. Cuando aprendemos a vivir en libertad nadie podrá condicionar lo que hablemos, y esa es una de las mayores libertades que podemos tener en Cristo, el precio de esa libertad es la cruz “en Cristo estamos juntamente crucificados y ya no vivimos nosotros, sino que Cristo vive en nosotros y lo que ahora vivo en la carne lo vivo en la fe del Hijo de Dios, el cual me amo y se entregó por mí”.

El enemigo usa la opresión, a él le gusta acampar, aterrizar e invadir la mente porque desde la mente controla la libertad. Acampa con ideas, con pensamientos contrarios a los pensamientos de Dios, su influencia produce opresión en nuestras vidas, solamente lanza una palabra, suelta una semilla y él sabe que tarde o temprano va a germinar. Él está interesado en oprimir, en manipular y estudia la manera de controlar nuestra vida. Para evitar que esto suceda tenemos que filtrar lo que estamos pensando y si esos pensamientos están alineados a lo que Dios piensa de nosotros.

La liberación es importante, pero guardar la liberación es más importante. Debemos cerrar las puertas de las malas confesiones, de las auto maldiciones, de la mentira y el engaño, etc., y empezar a caminar en sentido contrario de todo aquello que habíamos hecho mal.

Cuando adoramos y alabamos despejamos los ambientes espirituales y atmósferas son transformadas, activamos el mundo espiritual, traemos el cielo a la tierra. Los cielos son abiertos a través de la alabanza y la adoración, se va la turbación en los pensamientos y comenzamos a oír a Dios, a experimentar su paz, su gozo.

Cuando los cielos están cerrados sobre las personas viene asfixia, tristeza, falta de paz, depresión, etc. Los cielos se cierran a través de la queja, la murmuración y la falta de fe.

A Dios le agrada la fe, la fe hay que guardarla, la fe va en aumento en nuestras vidas, no tenemos que dejarla morir, sino regarla cada día a través de la declaración de la palabra. El enemigo siempre tratará de traer dudas, que dejemos de confiar en Dios. Dios es fiel, no se arrepiente y no miente, todo lo que ha dicho sobre nuestras vidas es si y amén.

El rey Ezequías, fue un reformador, limpió los lugares altos de idolatría, rompió la serpiente de bronce que la gente adoraba. Ezequías estaba enfermo de muerte y vino el profeta Isaías y le declara una palabra de Dios, le dice que ordene su casa porque va a morir. El profeta le comunica al rey lo que va pasar. Ezequías no tuvo el diagnóstico de un médico, sino que tenía la palabra del profeta. Muchas veces aceptamos palabras que han sido lanzadas desde la misma boca del enemigo, palabras de muerte, de enfermedad, de tristeza, de dolor; esas palabras penetran porque son aguijones que producen efecto y lo aceptamos en nuestras vidas.  Cuando aceptamos esas palabras se abre la puerta del temor. Lo aceptamos, lo creemos y sucede.

Cuando Ezequías recibe la palabra de Dios volvió su rostro y comenzó a orar a Dios, clamó a Dios, se quebrantó delante de Dios. Y Dios mira el corazón de Ezequías y le declara a través del Profeta Isaías “he oído tu oración y he visto tus lágrimas, he qui que yo le añado a tus días 15 años, te libraré a ti y a esta ciudad, de manos del rey de Asiria; y a esta ciudad ampararé. Y esto te será señal de parte de Jehová, que Jehová hará esto que ha dicho: He aquí yo haré volver la sombra por los grados que ha descendido con el sol, en el reloj de Acaz, diez grados atrás. Y volvió el sol diez grados atrás, por los cuales había ya descendido.                                                                                             

Ezequías cambió su destino a través de la oración. Dios está buscando gente valiente que se ponga a la brecha y no se dé por vencida, gente que esté dispuesta a sembrar la última oración para ver los resultados en sus vidas, en sus familias y en las naciones.

La fe comienza como un grano de mostaza, pero tiene el poder de convertirse en un árbol poderoso. Hay que tener fe para alabar y adorar en medio de las dificultades y hacer que estás sean revertidas.

El seol no te exaltará dice la palabra. El Seol es un lugar donde habitan los muertos, están vivos físicamente, pero muertos en su espíritu. Algunas áreas de nuestras vidas como las finanzas, las relaciones, las emociones también pueden estar en el seol. En el seol no se puede exaltar a Dios porque están atados. “pues el Seol no te exaltará, y no te exaltará la muerte” Isaías 38:18. Cuando estamos atados en algún área no podemos alabar ni adorar.

La palabra de Dios dice que todo lo que respire alabe a Jehová, para poder alabar hay que desconectarse del lugar de la muerte. Alabarle, exaltarle en alta voz, declarar lo que Dios está hablando, declarar la palabra de Dios para que las situaciones cambien.

 Te glorificaré, oh Jehová, porque me has exaltado, Y no permitiste que mis enemigos se alegraran de mí. Jehová Dios mío, A ti clamé, y me sanaste.           Oh Jehová, hiciste subir mi alma del Seol; Me diste vida, para que no descendiese a la sepultura. Cantad a Jehová, vosotros sus santos, Y celebrad la memoria de su santidad. Porque un momento será su ira, Pero su favor dura toda la vida. Por la noche durará el lloro, Y a la mañana vendrá la alegría. Salmo 30:1-5

Alabamos porque Dios nos ha librado de la muerte, de la depresión, de la tumba donde estábamos atados.

La alabanza sale de un corazón que ama a Dios, que ha creído a cada una de sus palabras, de un corazón que espera en Dios y está confiado. La alabanza es un arma de guerra, la cual debemos usar en todo tiempo.                                 El rey David decía “alma mía alaba a Dios…”, esto nos demuestra que muchas veces nuestra alma no quiere, no puede, no tiene fuerzas para alabar a Dios, pero es ahí donde con más fuerzas debemos alabar, debemos levantar nuestros brazos y alabar a Dios con todo nuestro ser.

Cuando alabamos reconocemos la grandeza de Dios, proclamamos quien es Dios y lo que Él puede hacer. Reconocemos su grandeza y nos rendimos ante Él, reconocemos que no hay situación difícil, ni problema más grande que nuestro Dios.

La alabanza nos desconecta del lugar de la muerte, nos lleva a una dimensión donde el enemigo nos pierde el rastro, donde hay libertad en todas las áreas.                                                         Cuando alabamos hay cielos abiertos y libertad en el espíritu, y podemos ser completamente libres en lo físico, espiritual, emocional, mental porque es en medio de la alabanza donde Él habita.

Hemos sido creados para alabar, adorar y exaltar a Dios en todo tiempo, en todo lugar y en cualquier circunstancia.

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Silvia de Muratore

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Apóstol Iglesia Nueva Generación
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