El cántico de Débora

La historia de Débora, Barak y Jael se desarrolla en el período de los Jueces (c.  año 1000 a C.).  Muchos de los hebreos  se habían apartado de Jehová; ya Él no era el centro de su vida nacional. Enemigos, con carros de guerra,  dominan el territorio.

Débora es la mujer de Lapidot (antorchas), que con autoridad convoca y conduce junto con Barak (relámpago) la exitosa guerra de liberación de la opresión de los paganos Jabín rey de Hazor y  su general Sísara. En el antiguo  cántico de Débora  (en hebreo arcaico) se  alaba  la presencia activa de Dios que protege a los suyos y en salsa a Jehová quien luchó por su pueblo. Tras el canto de Moisés, éste es el segundo gran cántico que la Biblia ha puesto en boca de una mujer.

Débora dejó una marca en su época: profetiza, jueza y madre en Israel.

Se levantó como “una madre en Israel”. Como jueza y consejera de la nación, hablaba con sabiduría;  como profeta, sus palabra eran inspiradoras y de visión. Con  el imperativo de Dios a Barak: “despierta”, él reclutó las tribus y obtuvo refuerzo militar.  Barak pidió su  presencia en la batalla porque era fuente de fortaleza; ella comprende la conveniencia de que él conduzca el ejército.  Desde el punto de vista militar se destruyó el yugo dominante canaanista en el norte del país. Y cantaron salmos y  alabanzas al Señor  Dios de Israel, por su fidelidad.

Su liderazgo  abrazó a todas las tribus de Israel  y contribuyó a la formación   de alianzas que serviría a largo plazo para la unidad nacional.  Así  se describe literalmente, a los combatientes en el canto de Débora y Barak  (Jueces
5:2): “tras
haberse soltado la cabellera”, es decir,  haberse entregado sin reservas.   Otros aspectos a apreciar en ese cántico de victoria de Jehová, son  las Teofanías (manifestación  personal de Dios). Con imágenes teofánicas tan descriptivas: ej. “cuando saliste de Seir, oh Jehová, en una nube tormentosa”, se  demuestra que el dios de la lluvia es Jehová y no baal.  Una gran tormenta impide que los carros de Sísara se muevan en el arroyo de Cisón, y el enemigo  es destruido.

Y finalmente, Jael  la mujer de Heber ceneo (de los hijos del  suegro de Moisés)  quien toma la  decisión de romper la alianza de su familia con los cananeos, y pone su fe en Jehová, como lo habían hecho en alguna época  sus antepasados los madianitas.

Qué ejemplo los de Débora, Barak y Jael! Así, hoy día Dios nos llama a despertar ante la opresión del enemigo del pueblo de Dios,  y a  asumir  responsabilidades, porque no es nuestra la guerra, sino de Dios.  He aquí a la mujer
del fulgurante,
como la iglesia,  esposa del Sol de Justicia,  junto con el hombre que dirige con poder de Dios y la colaboración de la cierva que destruye al príncipe del ejército enemigo. En Cristo nadie debe ser subestimado.

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Anabel Ramírez N.

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Misionera
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