4 julio, 2020 7:54 pm

Edificaos en la Verdad

latas 6:4   «Así pues cada uno someta a prueba su propia obra y entonces tendrá motivo de gloriarse, solo respecto de sí mismo y no en otro.«

A nivel familiar, aún cuando nuestros padres y abuelos no tenían conocimiento de las Escrituras, nos enseñaron a guardar las espaldas unos con otros y no divulgar lo que sucedía dentro del hogar. Aún cuando no estábamos de acuerdo debíamos acatarlas por respeto, pues eran las autoridades quienes lo ordenaban.

La Palabra nos enseña, como desde la creación del mundo se levanta un Caín contra un Abel por envidia; Jacob y Esaú, José y sus hermanos, Saúl y David y si los enumeramos nos damos cuenta que los conflictos más desagradables se han dado entre hermanos; pero si profundizamos aún más vemos Padres contra hijos, pero al fin de cuentas La Palabra se tiene que cumplir. 

Con el mover Poderoso del Espíritu van cayendo estructuras que han dañado muchos pueblos.  Es necesario volver a la verdad y buscar la restauración personal, porque ahí descubrimos que el problema siempre se inicia con nosotros mismos, porque demandamos enseñanza y dedicación, pero a la vez despreciamos la autoridad y nos revelamos contra lo que ya fue establecido. 

Cuando recuerdo que Dios se arrepintió de haber hecho al Hombre me pregunto ¿Qué diferencia hay en la sociedad actual?.  La envidia, deslealtad y derecho de poder y querer ser mayor que otro, ignorar el orden establecido lleva siempre a una división y reproducción de resentimientos que en nada edifica, sino que destruye y levanta incrédulos rebeldes que luego se encargan de debilitar la estructura hecha al modelo de Dios. 

Sometimiento implica obediencia a la autoridad.
Tenemos que entender que no podemos operar como padres si no somos hijos, y que los valores se adquieren no por títulos, sino por humildad.  Todo militante tiene su base de adiestramiento, con el instructor que ya corrió un territorio en territorios y sabe dónde se presenta el peligro y como buen Padre nos apercibe, para que no suframos ataques. 

A nivel familiar o de Iglesia esa autoridad delegada por Dios nos va capacitando, y con corazón paternal nos levanta, nos defiende y nos prepara para que seamos de provecho y confiables, en cualquier territorio que Dios nos entregue. Cuando un hijo sale de casa en obediencia, vuelve cada vez que quiera a compartir, porque hay amistad y fidelidad, pero cuando se convierte en enemigo por causas de rebeldía a la autoridad, queda incapacitado y pierde la confianza porque sus emociones le llevaron a actuar, según la carne, afectando todo a su alrededor; más si hablamos y pedimos opinión respetando la autoridad, logramos pasar un escalón que nos lleva a la confianza plena de todos los que nos rodean.

Respetar autoridad implica obtener propiedad, para demandar eso mismo.  Hablemos y pongamos en práctica lo que somos capaces de cumplir, pero no hablemos de temas que desconocemos.  No podemos demandar lo que no somos dignos de cumplir y si queremos llegar a la meta, pidamos al Señor humildad y no culpemos a otros de nuestras malas decisiones, no todo lo que el padre me pide me parece perfecto pero la obediencia me acredita para obtener su confianza. 

La estabilidad solo depende de mi, si quieres ejercer autoridad primero aprende a someterte a la autoridad.  Al Padre, Hijo y Espíritu Santo.  Sea la Gloria por siempre. ¡Amén!

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Cecilia de Caicedo

Cecilia de Caicedo

Pastora del Ministerio de Consejería Muralla de Fuego
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