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De la esclavitud a la libertad

De la esclavitud a la libertad

El Señor había ideado un plan para liberar a su pueblo de la esclavitud. Aunque parece que la esclavitud ha pasado de moda en lo natural (también en lo legal), hay mucha gente que está esclavizada al sistema y no reconoce esa esclavitud.

Una de las cosas que debemos entender es que Dios nos ha diseñado para ser verdaderamente libres, y todo tipo de opresión es reducir la libertad que Dios no ha entregado, es un límite para nuestra libertad.

Hay gente que vive todos los días con dolor de cabeza, turbados, agobiados, con problemas, en el mundo espiritual no tienen capacidad de recibir la voz de Dios.

Muchos dicen “Yo siento un peso en mi cabeza”, “No paro de tener dolores de cabeza”, “Siento una opresión en el cuello”, “Tengo algo sobre la espalda que no me permite avanzar”, éstas son opresiones espirituales que se traducen aún en lo físico.

Otros tienen opresión emocional, hay muchas enfermedades que están radicadas en el lugar de las emociones. El dolor, la amargura, la tristeza, el enojo, etc., son emociones que enferman el cuerpo.

También está la opresión financiera. Las deudas, el no llegar a finde mes, el no poder levantarse en lo económico, etc., trae opresión a las personas.

El Señor desarrolló un plan de libertad para el hombre, pero el hombre hizo una alianza con el pecado y perdió esa libertad convirtiéndose en esclavo.
Una de las cosas que va a atar al hombre siempre a la esclavitud es el pecado.

En Romanos 6:23 dice que la paga del pecado es muerte. Para no estar ligado a la muerte, tenemos que ser libres del pecado.

Pecado, según la Palabra de Dios, es saber hacer lo que se tiene que hacer y no hacerlo. El pecado abre la puerta a la muerte.

Entonces en el área donde se ha pecado, se abre una puerta para que la muerte de alguna manera nos alcance, no solamente en lo físico sino también en lo emocional, en lo espiritual y aún en lo financiero.

Cuando se ha vivido una vida practicando el robo, el engaño, etc. y se recibe a Cristo en el corazón, Dios perdona todas las deudas del pasado. Pero ahora hay que ser liberado de ese hábito que es mentir, engañar, cobrar de más, robar, etc. Porque la deuda ha sido perdonada, sin embargo, hay que entrar en un camino de transformación para poder cambiar los hábitos, la manera de pensar y de vivir. Una de las cosas que necesitamos es ser reprogramados por la palabra de Dios.

Juan 8:32 dice “Conoceréis la verdad y la verdad os hará libres”. No basta solamente con tener la verdad sino conocer esa verdad, porque el conocimiento de la verdad nos hace libres.

La palabra “conocer” no es simplemente tener datos de alguien, sino que nos habla de intimidad, de conocer íntimamente.

La verdad es una persona y se llama Jesucristo. Cuando empezamos a tener conocimiento íntimo con la verdad, no solo somos liberados, sino que empezamos a transitar un camino de libertad, y seremos verdaderamente libres.

Una persona libre es una persona que el pecado no le esclaviza, ni los vicios, ni el dinero, ni el sexo. Nada de lo que pudiese esclavizar, someter u oprimir a una persona controla su vida.

Esto sucede porque el que tiene el conocimiento íntimo de esa verdad sabe que con Cristo Jesús lo tiene todo y fuera de Él no tiene nada. Quiere todo lo de Él, nada de lo que pueda sacarlo de ese centro que es Jesucristo.

Saber la Biblia de memoria, conocer la teología no cambia la vida. Porque lo que quiere Dios es una relación de conocimiento, una relación íntima con Él. Donde no solamente comamos la Biblia, sino que comamos de Él.

El hombre comió del fruto del árbol del bien y del mal, esto lo separó de Dios, lo hizo autónomo e independiente.

El ser humano pensando que ahora tenía mayor conocimiento terminó perdiendo la vida de Dios, porque Dios nunca diseñó al hombre para que viviera comiendo de un árbol que le decía lo que estaba bien y lo que estaba mal. Sino que estaba diseñado para comer de un árbol que era Jesús, que cada vez que comía de Él, le daba vida.

Nosotros no debemos caminar por lo que está bien o por lo que está mal, sino que debemos ser guiados por el Espíritu Santo.

Cada vez que comemos de ese árbol nos llenamos de vida.

El hombre desechó ese árbol y comenzó a comer cosas equivocadas y a destiempo.

Si comemos duda cosecharemos incredulidad, si comemos pornografía cosecharemos lujuria, si comemos amargura cosecharemos falta de perdón. Porque cada comida deja una consecuencia en nuestra vida. Inclusive la forma de comer y lo que comemos define la manera de pensar que tenemos.

Hay personas que se tragan todo lo que oyen, porque el hombre espiritual come por el oído. Es por ello que se dice que la fe viene por el oír y el oír la palabra de Dios. Nuestro ser espiritual se alimenta de lo que oye.

Si nuestro ser espiritual se alimenta de la palabra de Dios, comenzaremos a crecer, a desarrollarnos en la fe. Por el contrario, si nos alimentamos de murmuración, críticas, quejas, de palabras de enojo, de desconformidad, de pesimismo nuestro ser espiritual se va a debilitar y se sentirá confundido, no podremos comprender la palabra de Dios, ni habrá sensibilidad para ser guiados por el Espíritu Santo.

Dios anhela y desea que comamos bien en lo natural y en lo espiritual. Hay que tener en cuenta que el hombre desechó el árbol de la vida y prefirió comer del árbol del bien y del mal. Entonces Dios decidió ponerle un cerco al huerto de Edén y una puerta con querubines custodiándola con espadas cruzadas, para que no tengan acceso a comer del árbol de la vida. Esto lo hizo porque ya estaban corrompidos en su genética y si comían del árbol de vida sin estar redimidos sería un peligro.

Por lo tanto, Dios ideó un camino de restauración hasta la llegada de Jesucristo dejándoles una señal profética. Esta señal profética iba a mostrarle a ellos lo que ya hizo desde la eternidad. Dios quería mostrarle al hombre de manera sencilla que, aunque hubiese pecado, Él no se había dado por vencido con el ser humano ya que el cordero de Dios (Jesucristo), fue inmolado desde la eternidad.

Lo que estaba sucediendo en el huerto del Edén era un momento Crono, pero desde la eternidad, la cual es una dimensión en la que el Señor habita, allí ya sacrificó Dios a su hijo para poder liberarlos de esa situación donde habían quedado bajo la opresión del árbol de la ciencia del bien y del mal.

Fue entonces cuando los sacó del huerto, pero antes de sacarlos hace un acto profético con ellos.

Tomó Dios un cordero, les sacó las pieles y los cubrió. Se produce entonces el primer derramamiento de sangre. El primer derramamiento de sangre no lo hizo el hombre, lo hizo Dios. El Cordero derramó su sangre antes de la fundación del mundo y desde la eternidad.

El hombre pecó, y el hombre no podía volver al original sin sacrificio. Entonces tomó Dios al cordero para decirle que quien va a tomar el lugar del hombre va a ser otro. Ese otro se llama Cordero. Dios elige al cordero como animal por sus características como la mansedumbre, pureza e inocencia.

Después de haberlos cubierto les dijo Dios que no podían vivir en el huerto. Entonces los manda fuera de ese ámbito que había en el huerto, donde la gloria estaba en la tierra. El hombre no fue destituido de la fe, ni de cualquier otra cosa, sino de la gloria de Dios. Pero Dios no los deja expuestos, sino que, aunque fuesen destituidos de la gloria, Dios les da una cobertura por medio de las pieles del cordero.

En el capítulo 9 de hebreos se habla de ese cordero, cuyo derramamiento de sangre no era sino otra representación profética de un cordero que iba a venir sin mancha, sin pecado y en justicia, el cual es Jesucristo.

Él derramó su sangre. No solamente derramó su sangre en la cruz, Jesús comienza a derramar su sangre en el mismo momento en el que lo toman cautivo, a través de los azotes de los romanos, con la corona de espinas, cuando carga la cruz, en el Getsemaní, cuando estaba siendo crucificado y también cuando estaba en la cruz, cuando lo derramó todo a través de las llagas y a través de todo lo que Él vivió. Aún tenía un depósito final que estaba puesto en su corazón de agua y de sangre.

Jesús padeció para que hoy nosotros fuésemos libres en todas las áreas de nuestras vidas. El deseo del Padre es que volvamos al diseño original, un diseño de libertad donde no hay esclavitud. Libres en nuestra mente, libre en nuestros pensamientos, para poder caminar en libertad. Debemos conocer la verdad y seremos verdaderamente libres.

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Silvia de Muratore

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Apóstol Iglesia Nueva Generación
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