16 julio, 2019 1:07 pm
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Da a luz a tu “Samuel”

Da a luz a tu “Samuel”

Es mejor no haber nacido que vivir muchos años sin haber cumplido el propósito por el cual Dios nos creó. (Eclesiastés 6: 3-9)

No disfrutar sólo una vida física, sino desarrollar todo lo que ha sido llamado a sacar en el momento justo. Todo lo demás, es vivir en vano.

Tenemos la obligación de liberar la riqueza que Dios ha puesto en nosotros.

En nuestro interior hay un tesoro, que tenemos la obligación de liberar, porque si no lo hacemos, seremos igual que una persona abortiva.

 

Debemos determinarnos a no vivir en vano, porque somos más que vencedores.

Nuestros seres queridos y los que nos rodean, se beneficiarán del potencial que Dios ha puesto en nosotros, si lo liberamos. Si no manifestamos a Cristo, el mundo se va a perder de la Gloria de Dios.

Cuando Dios comienza a manifestarse en nosotros, el mundo verá la sanidad, el poder, la potencia que hay dentro nuestro.

Pablo decía que luchaba en las fuerzas de Cristo que tenía dentro de él.

No es lo que podamos lograr por nuestras propias capacidades, pero todo lo que podamos hacer no consiste en usar esas capacidades sin Cristo, sino que Cristo mismo sea nuestra esperanza de Gloria.

 

La falta de determinación, hace envejecer a la gente, aunque sea joven físicamente; cuando dejamos de soñar, comenzamos a morir.

Dios quiere que vivamos para que desarrollemos todo lo que Él ha puesto en nosotros.

La gente religiosa ha atado la capacidad emprendedora; es gente que no tiene fe para tomar la determinación de sacar afuera los sueños y proyectos que Dios preparó para ellos.

 

La gente que en el pasado hizo cosas grandes, fue gente que le creyó a Dios.

Si esperamos que todo venga a nuestras manos, así como así, nunca lograremos nada. Gente que empieza y deja las cosas a medias, es gente mediocre.

Dios es determinado, es principio y fin (le gusta empezar y terminar las cosas).

Nuestra misión ya ha sido asignada y hasta que no nos hagamos uno con ella, no seremos felices completamente, porque vivir sin visión, sin sueños, es sólo sobrevivir.

Debemos salir de ese nivel de mediocridad y empezar y terminar todo lo que emprendamos. Si miramos siempre al pasado, sólo veremos lo que tuvimos y no lo que podemos tener.

 

No podemos emprender nada en el futuro si no determinamos hoy cosas en nuestra vida.

Si tomamos nuestro presente y hacemos los cambios necesarios, veremos un futuro diferente e inimaginable.

Tener determinación, no sólo para hablar, si no para hacer lo justo, en el momento justo, en la hora justa.

No debemos pensar que Dios lo va a hacer todo, porque Él quiere que nosotros intervengamos.

Si deseamos agradar a Dios, debemos utilizar la fe; la fe sin obras está muerta, si no la usamos, se queda muerta.

Tenemos que soltar lo que Dios ha puesto en nosotros, porque si no lo hacemos, seremos personas abortivas. Un abortivo es alguien que no vivió su vida, que mató sus sueños, sus planes.

 

La unción debe ser completa y en la medida en que vaya creciendo en nosotros, Dios soltará los recursos.

Lo que no deseemos, Dios se lo da a otro. Hay que valorar lo que Dios nos da y cuidarlo. Hay que amar lo que se tiene, porque si no, lo podemos perder (en todas las áreas).

La potencia es creada para ser liberada. Todo lo que tiene potencia, debe ser liberado, pues si no, se muere.

Hay que disfrutar cada capacidad que Dios ha dado. En el pasado no podemos encontrar nada. La potencia pasada, ya fue liberada.

Si no hacemos lo que Dios nos ha mandado a hacer, habremos fracasado, terminaremos como personas abortivas. Y Dios nos ha llamado a ser productivos. Una persona productiva es una persona que vive plenamente la vida de Dios en su vida.

 

Tenemos el potencial que Dios puso en nosotros y si no lo damos a luz para que produzca, se morirá.

Tenemos que estar ungidos desde la cabeza hasta los pies, en todas las áreas.  Estamos ungidos para todo, porque Cristo nos ungió para que seamos más que vencedores.

Para ser una persona productiva, para dar a luz todo lo que Dios ha puesto en nosotros y bendecir a los que nos rodean, tenemos que romper con la esterilidad.

 

La esterilidad se rompe de dos maneras:

 

1)- Con un cambio de actitud

Isaías 54…. “Gozo y regocijo”. Dios nos da una orden: regocíjate y no te lastimes ante la adversidad.

A veces no es el diablo el que nos lastima, si no nosotros mismos con nuestras actitudes.

No podemos vivir la vida, según sintamos. La vida cristiana no es por sentimiento si no por determinación.

La depresión se manifiesta por el adormecimiento. Cuando estamos vivos espiritualmente, deseamos “hacer”, estamos todo el tiempo en acción.

¡Determinémonos a vivir y a proyectar sueños y metas en nuestra vida!

La fe no es por vista, si no por determinación, porque la gente que tiene fe, se arriesga, invierte para ganar.

Dios quiere gente que tenga mente de grandeza y no que solo estemos pensando lo que vamos a comer, a beber, o lo que vamos a pagar de impuestos. Debemos ensanchar nuestra mente para que podamos prepararnos para el momento en el que vengan las cosas grandes.

Cuando cambiemos de actitud, vendrán las cosas maravillosas, los milagros y las señales. Lo que no creemos que podemos cambiar, no cambiará jamás.

Tenemos que trasladarnos de una mentalidad a otra.

 

2)- Sanarnos de todo daño emocional 

Si estamos heridos, vamos a herir a los demás como mecanismo de autodefensa. Cuando estamos dañados emocionalmente no podemos ver nuestro milagro, solo vemos “nuestra herida”, esto nos mantiene tristes y amargados. En el área donde hemos sido improductivos, debemos regocijarnos. Llevar esa área ante la presencia de Dios y declarar que lo que aún no tenemos, está por venir.

Es bueno que nos gocemos cuando vamos a la Iglesia, pero es necesario que también lo hagamos durante todo el día, sea en nuestra casa, en el trabajo, etc. Tenemos que alimentar con la acción de gracias y la alabanza nuestro milagro.

Grandeza es regocijarse cuando no hay nada. Antes de que nuestro sueño se materialice, debemos gozarnos y hablarle a nuestro milagro.

Dentro nuestro hay un ministerio que está pidiendo salir a la luz, así que debemos extendernos, romper el techo que se nos ha quedado pequeño.

Cuando no queremos asumir riesgos, perdemos la oportunidad de ver resultados. En Dios, nunca dejaremos de tener expectativas.

La edad cronológica que tenemos, es la capacidad que tenemos para soñar, para desarrollar proyectos. La falta de expectativas, nos hace morir poco a poco.

Debemos hacernos las siguientes preguntas: ¿Cuál es mi nivel de expectativas? ¿En qué aéreas no estoy dando frutos?

Si tenemos algún proyecto que no nace, puede ser que se nos haya cerrado la matriz, por haber hablado maldición o porque nos maldijeron, hirieron o lastimado.

Es tiempo de determinarnos, es tiempo de dar a luz nuestros sueños.

Los sueños de Dios se materializan si tenemos fe y acción, en cambio las ilusiones se evaporan como el agua. No debemos tener temor: avancemos, conquistemos, demos a luz nuestros sueños.

 

Hemos nacido para este tiempo, hemos sido creados para este momento y dentro nuestro hay un “Samuel” que tiene que salir. Debemos lanzarnos en fe y tomar decisiones valientes, sin miedo a perder ni a fracasar, porque Dios nos creó para triunfar y nada nos detendrá.

La amargura y la frustración son producidas por la esterilidad, quita la expectativa y la alegría.

No nos podemos quedar con sueños y proyectos abortados: debemos dejar que Dios los tome y los haga nacer. No muramos como personas abortivas, porque seremos como si nunca hubiésemos vivido.

Antes de recibir lo que esperamos del Señor, debemos consagrarlo a Él. Cuando anhelemos algo, debemos pensar que Dios lo pedirá para que lo invirtamos en el Reino.

Cuando estemos dispuestos a darle todo al Señor, es cuando vendrá todo lo que Él tiene preparado para nuestra vida. Si hay áreas donde no tenemos fruto, es porque no hemos consagrado nuestra vida entera.

 

Podemos estar viniendo a la Iglesia a diario, pero eso no implica que estemos conectados al propósito ni que estemos dando fruto y produciendo.

La amargura trae sequedad. La matriz que estaba seca, va a comenzar a traer vida y vamos a parir lo nuestro, lo propio y que será bendición a otros.  No debemos darnos por vencidos y comenzaremos a ver como se rompe la esterilidad, y matrices que estaban secas comienzan a tener vida.

Es tiempo de consagrar cada área de nuestra vida sin temor a que Dios nos lo pueda pedir en algún momento.

El útero seco y contraído no ha dado frutos, se ha tragado la vida, pero ahora tendrá vida.

Si las aguas eran amargas, ahora producirán vida.

No debemos temer de entregar al Señor todas las áreas de nuestra vida, porque en Él, se multiplicarán.

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Silvia de Muratore

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Apóstol Iglesia Nueva Generación
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