¡Cuidado con la lengua!

 “No lo que entra en la boca contamina al hombre; mas lo que sale de la boca, esto contamina al hombre” Mateo 15:11

Vamos primeramente a definir dos términos:

Bendición: es la expresión de un deseo benigno dirigido hacia una persona o grupo de ellas que, en virtud del poder que tiene el lenguaje, logra que ese deseo se cumpla.

Maldición: es la expresión de un mal deseo dirigido hacia una persona o grupo de ellas que, en virtud del poder que tiene el lenguaje, logra que ese deseo se cumpla.

En esta enseñanza cuando hablemos bendición o maldición, nos basaremos en estas dos definiciones, que como leemos, el destino final de ambas es cumplirse.

Al llegar al conocimiento de lo que hizo Jesucristo por nuestra vida, también nos debería ser revelado que de nuestra boca debe salir bendición para nosotros mismos y para los demás.

Dios quiere bendecir a Su pueblo constantemente, pero Él y las regiones espirituales de maldad, se toman muy en serio lo que decimos. Nuestra boca debe estar rebosante de palabras de bendición, de ánimo, de gozo, de paz. Debemos moldear nuestra lengua y ser de voluntad firme para sostener nuestra boca y quedarnos callados ante los impulsos que vienen en medio de una situación. Salmo141:3 “Pon guarda a mi boca, oh Jehová; Guarda la puerta de mis labios”.

En el libro de Santiago capítulo 3 verso 6, dice que la lengua puede contaminar todo el cuerpo. Esto quiere decir que lo que sale de nuestra boca, nos bendice o nos maldice, veamos:

Cuando en nuestro corazón hay una inclinación que no podemos controlar de hablar apresuradamente de los demás o simplemente no bendecir a los que nos rodean, nuestros oídos se contaminan y esto produce que no podamos dejar de escuchar las faltas que cometen las personas, nuestros ojos no nos permiten ver lo bueno que hay en ellas y nuestra alma se contamina; hay una pérdida importante de la comunión con Dios, ya no le escuchamos con claridad y eso nos roba la bendición en todas las áreas de nuestra vida y se va convirtiendo en una puerta abierta para el diablo. Todo esto lo va produciendo el desatar nuestra lengua para hablar mal, son sus consecuencias.

Dice Colosenses 3:8 “Pero ahora dejad también vosotros todas estas cosas: ira, enojo, malicia, blasfemia, palabras deshonestas de vuestra boca”. Las palabras deshonestas son las que salen de nuestras bocas cuando calumniamos, cuando “aportamos comentarios” de maldición hacia los que nos rodean, cuando nos señalamos con nuestro hablar; son palabras ociosas que tienen como sentido direccional maldecir, son conversaciones obscenas y vulgares que no tienen sentido, y que lo que hacen es inflamar nuestro corazón de pecado. El Apóstol Pablo exhortó a los colosenses en este versículo a dejar esas prácticas, a despojarse del viejo hombre (verso 9).

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Fabiola Castro

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Profeta Iglesia Centro Mundial de Adoración
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