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Cuando el grano de trigo cae a tierra

Cuando el grano de trigo cae a tierra

Nuestra naturaleza humana nos inclina siempre a la preservación, de forma casi automática luchamos por la vida, y en muchas ocasiones por mantener estilos de vida que consideramos son lo mejor para nosotros, nos resistimos a los cambios, y mayormente cuando estos cambios implican el auto sacrificio. Si partimos de la verdad eterna de la divinidad de Jesús, Filipenses 2.6, manifiesta que él no se aferró a ser Dios,  sino que estuvo dispuesto a asumir forma humana y entregar su vida por nosotros en la cruz del calvario. Pero esta actitud de Jesús tenía un propósito dentro del plan salvador del Padre, una vida inocente se entregaba por la salvación de la humanidad. Era una semilla Divina sembrada en el campo del pecado y la muerte que germinaría para producir el Árbol de la Vida, del cual las naciones comerían para tener sanidad y salvación. De la misma manera como un solo árbol que crece en una zona desértica, y que con el pasar del tiempo el desierto puede llegar a tener todo tipo de vida, Jesús es ese árbol que ha venido a producir vida a través de la historia a millones de personas, y el campo de la muerte y del pecado se ve cambiado por la vida y la santidad.

Ahora ese mismo sentir y disposición es la que debe permear la mente y el corazón de los hijos y las hijas de Dios, de acuerdo a Filipenses 2.5; porque solo de esa forma es posible continuar activo el poder redentor de Cristo en medio de la Iglesia. Cuando estamos dispuestos a salir de nuestra comodidad espiritual y nos adentramos en el campo de la necesidad espiritual de los demás, para anunciar el amor incondicional de Dios,  el cual está interesado en responder a esas necesidades, estamos siendo la semilla de trigo que cae a tierra y que al morir hace brotar de sí misma vida con un incalculable valor de eternidad. La Iglesia no es Iglesia porque tiene un templo, o tenga una denominación y una identidad jurídica, somos Iglesia porque tenemos la semilla de vida de Cristo en nosotros y es imposible no sembrarla en el campo del mundo donde las personas viven sin esperanza.

La Iglesia tiene que estar dispuesta a dar su vida por lo que cree, ya que nuestro Señor y maestro así lo hizo. Cuando realmente crees en algo das tu vida por eso, inviertes recursos, dedica tiempo y lo compartes con otros. ¿Estás dispuesto a dar tu vida por el Señor, invertir de tus recursos para el crecimiento de su Reino, a dedicar de tiempo para servir en su proyecto  y compartir con otros su obra? Es así como como estamos siendo semillas sembradas en tierra para producir vida.

De cierto, de cierto os digo, que si el grano de trigo no cae en la tierra y muere, queda solo; pero si muere, lleva mucho fruto.  S. Juan 12.24

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William Luna

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Iglesia Cristian Discípulos de Cristo en Siquirres
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