Otro Año que se va

“Me mostrarás la senda de la vida. En tu presencia hay plenitud de gozo. Delicias a tu diestra para siempre”.  Salmo 16:11

¿Y qué hemos hecho?, por lo general, cuando acaba un año, devolvemos el tiempo para revisar que logramos de los proyectos que habíamos planificado.

En la mayoría de los casos, nos sentimos frustrados porque algunos no se alcanzaron. Y montamos nuevos proyectos y respiramos profundo como para tomar fuerzas, hacemos cambios como para acelerar el tiempo, sobrepasar obstáculos, como si pudiéramos retrasar el reloj, que nos impide los logros.  Es curioso pero en muchas familias el 24 de diciembre se llaman, se piden perdón, se hace una cena, se limpia el terreno, se hacen nuevos juramentos y apenas arranca el año nuevo, ya algunos están en discordia.

En otros casos el 31 igual, se repite la historia, se llora, se pide perdón, y va de nuevo, se hacen juramentos, que el viento de la emoción se los lleva pronto, se olvida lo que se dijo y lo que se prometió.  Me atrevo a decir que dura tan poco la efervescencia de la promesa, igual sucede con los proyectos de estudio, de trabajo y de muchas cosas más.  Determinamos ahorrar, pero en el primer festín se echa garra de lo que habíamos proyectado para un futuro, empezamos a estudiar y en la primera nota baja se apagó el fuego.

Siempre hablando conmigo misma que es un hábito que tengo, me digo, ¿Por qué somos así?, ¿Qué sucede si Jesús se hubiera devuelto?, ¿Dónde estaríamos o que nos esperaría?. Porque no tomamos la decisión y al empezar el año, enterramos todo, perdonamos y decidimos acabar con lo que empezamos.

Un buen arquitecto no deja un proyecto abandonado, a lo mejor debe derribar una pared, pero no todo un edificio, a lo mejor debe hacer cambios, pero no se da por vencido, me sigo preguntando ¿Por qué no cumplimos nuestros sueños? ¿Por qué no nos revestimos de humildad y determinados llegar a la meta?.  No importa si con raspones o chichotas, pero llegar.  Pienso que tenemos que aprender a moldear nuestra vida, porque no se ha escrito ninguna derrota para un hijo de Dios.

Prediquemos con el ejemplo, permitamos que la gente confié en nosotros por nuestra firmeza, y confiemos en nosotros mismos.  Empecemos nuestro proyecto, creer en nosotros mismos es la mayor virtud, hagamos planes, pero no los archivemos hasta no alcanzarlos.  Jesús quiere hijos decididos no frustrados.  Corramos la carrera, lleguemos a la meta y sigamos soñando, pero tratemos de despertar hasta que hayamos logrado el propósito.

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Cecilia de Caicedo

Cecilia de Caicedo

Pastora del Ministerio de Consejería Muralla de Fuego
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