Al Mundo Paz

Antes del nacimiento de Jeshua, de Emmanuel, la tierra estaba cubierta por la oscuridad. Pero, a lo lejos, la luz dorada del nuevo día ya empezaba a teñir el horizonte. El Señor se levantaría sobre Sión, y su gloria se vería sobre El. Pronto, la voz del desierto prepararía el camino del Señor; proclamaría la Venida de su Cristo a judío y a gentil, y del Reino del cielo, que, establecido sobre la tierra, es justicia y paz y gozo en el Espíritu Santo.

Fue, en aquella noche que los pastores velaban los ganados destinados a los servicios sacrificiales, en el mismo lugar consagrado por la tradición judía como el punto en que el Mesías tenía que ser revelado por primera vez. De repente llegó el anuncio tanto tiempo demorado. El cielo y la tierra parecieron confundirse cuando súbitamente un ángel se presentó ante los ojos deslumbrados de los pastores, mientras la gloria del Señor parecía envolverlo todo como un manto de luz.

Sorpresa, temor, asombro, quedó acallado en expectación cuando se oyó la voz del ángel diciendo que aquello que veían no implicaba el juicio, sino que traía a los que esperaban en Israel el gran gozo de las buenas noticias: que el Salvador, Mesías, Señor, prometido desde hacía tanto tiempo, había nacido en la ciudad de David. Fue como si los ángeles acompañantes hubieran esperado la señal.

Tal como cuando se ponía el sacrificio sobre el altar, y la música del Templo prorrumpía en tres secciones, cada una marcada por el sonido de las trompetas de plata de los sacerdotes, como si cada Salmo hubiera de ser un Tris-Hagion, así también, cuando hubo hablado el ángel heraldo, una multitud de los ejércitos celestiales apareció a su lado para acompañar con himnos las buenas noticias que él había dado.

Proclamaba en el lenguaje de la alabanza el carácter, el significado, el resultado de lo que acababa de tener lugar. Los cielos entonaban el cántico de «gloria»; la tierra se hacía eco como «paz»; y caía en los oídos y corazones de los hombres como «gran gozo» (textus receptus*): ¡Gloria a Dios en las alturas, y sobre la tierra paz.  Entre los hombres, gran gozo*

AL MUNDO PAZ, NACIO JESÚS!. Es tiempo de cantar este verso celestial que  consagró el pastor Isaac Watts en el himno  escrito hace más de trescientos años, basado en  la segunda parte del Salmo 98, donde el salmista  celebra la llegada del Señor para juzgar el mundo con justicia, y  hace un llamado a toda la creación para cantar y gritar de gozo ante su venida.

¡Al mundo paz, nació Jesús! nació ya nuestro Rey;

¡Al mundo paz, el Salvador en tierra reinará!

Al mundo Él gobernará con gracia y con poder.  Amén

aramirez7@costarricense.cr

8550-1607

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Anabel Ramírez N.

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