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Hay una carrera que todos tenemos por delante mientras estemos en esta tierra y es ganar almas y hacer discípulos. Por épocas, a los cristianos se les olvida a que han sido llamados y se envuelven en un evangelio “light” basado en actividades y momentos de emoción, pero nunca concentrados en la necesidad del mundo. Cuando vemos las noticias desgarradoras de muertes, asaltos, accidentes, bajonazos etc., es cuando una vez más volvemos a la triste realidad del mundo que, a gritos silenciosos, le dice a la iglesia cristiana: “Por favor, háblenme de Cristo por el bien de mi alma”.
Mateo 9:36. “Cuando veía las multitudes, se conmovía de compasión hasta lo más íntimo de su ser, porque estaban desconcertadas y abatidas como ovejas que no tuvieron pastor”.
Esta Palabra nos enseña que, cuando Jesús vio aquel gentío de hombres y mujeres normales y corrientes, se conmovió de Compasión. La palabra que se usa en el original es splanjnistheis, esta es la palabra más fuerte que hay en griego para la piedad. Procede de la palabra splanjna, que quiere decir las entrañas. Así es que describe la compasión que le conmueve a uno en lo más íntimo de su ser. En los evangelios, aparte de algunas parábolas, solo se habla de los sentimientos de Jesús; (Mat 9:36; 14:14; 15:32; 20:34; Mr 1:41; Luc 7:13). Cuando estudiamos estos pasajes, vemos las cosas que conmovieron especialmente a Jesús.
1. Se conmovía de compasión por el dolor del mundo. Se conmovía de compasión por los enfermos (Mat 14:14), por los ciegos (Mat 20:34), por los oprimidos por los demonios (Mr 9:22). En todas nuestras aflicciones, Él fue afligido. Jesús no podía ver a nadie padecer sin desear librarle de su padecimiento.
2. Se conmovía de compasión por el sufrimiento del mundo. Al ver la viuda de Naín siguiendo hasta la tumba el cadáver de su único hijo, el corazón de Jesús se conmovió (Luc 7:13). Le embargaba un deseo irreprimible de enjugar las lágrimas de todos los ojos.
3. Se conmovía de compasión por el hambre del mundo. El ver las multitudes cansadas y hambrientas, era una llamada a su poder como ungido de Dios (Mat 15:32).
4. Se conmovía de compasión por la soledad del mundo. El ver a un leproso desterrado de la sociedad, llevando una vida que era una muerte continua de soledad y abandono universal, era una llamada a su compasión y a su poder (Mr 1:41).
5. Se conmovía de compasión por el desconcierto del mundo. Eso fue lo que le conmovió en esta ocasión. La gente normal anhelaba a Dios desesperadamente, y los escribas y los fariseos, los sacerdotes y los saduceos, los pilares de la ortodoxia de su tiempo, no tenían nada que ofrecer. Los maestros ortodoxos no ofrecían ni dirección ni consuelo, ni estímulo, ni esperanza. Lo que entendemos por desconcertados es eskylmenoi, vocablo que puede describir un cadáver despellejado y mutilado; algo que ha sido saqueado por gente rapaz, por gente sin piedad, tratados con insolencia desenfrenada. La palabra que se traduce por abatidas es errimenoi, quiere decir yacer postrado. Puede describir a una persona derribada por heridas morales.
Pues bien, amado lector, todo esto anterior describe un mundo necesitado que, hasta el día de hoy, sigue viviendo en la misma situación. La pregunta es: ¿qué estamos haciendo? ¿Estamos haciendo la obra de Dios? ¿Estamos llevando a cabo la gran comisión del Señor Jesús?, o ¿estamos perdiendo el tiempo jugando a la iglesita, perdiendo el tiempo en actividad tras actividad? La iglesia de Cristo en esta tierra no se sostiene de actividades que emocionen y motiven por unos días a los cristianos, sino más bien de la predicación gloriosa de la poderosa palabra de Dios. Debemos recordar que los cristianos existimos para animar, dar esperanza y hacer que las personas se remonten con alas como de águilas. Invirtamos tiempo en la gente, no solo ganándola para el Reino, sino haciendo de ellos discípulos de Cristo; tengamos una Visión de Multitudes.
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