| El púlpito con menos predicadores está en la calle |
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| escrito por Maureen Ramírez | ||||||
| domingo, 06 de junio de 2010 | ||||||
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· Los exponentes de la palabra en lugares públicos han sido atacados por drogadictos, indigentes y “endemoniados”. · La mayor satisfacción para estos hermanos es ser testigos de cómo almas se han restaurado luego de un mensaje de salvación. A las afueras del correo en San José, en un día normal se pueden dar muchas conversaciones, discusiones, chalas y hasta gritos, sin embargo, hay manifestaciones que nunca pasan desapercibidas. “(…) Y la Palabra de Dios dice que el regresará por nosotros, tu corazón debe estar preparado para un día irnos con él y disfrutar de vida eterna (…) El Señor te ama y te dice: hijo no temas yo estoy contigo (…)”. Estas son ejemplo de las palabras de eso. Olman Aguilar en esta oportunidad fue su autor, un denominado “predicador de la calle”.
El hermano Aguilar es un expositor de la Palabra, tiene dos años de predicar en las calles y 30 años de ser creyente. “La palabra de Dios es vida, aquí está la verdad, el Creador no nos manda a hablar de doctrina, sino de Biblia y yo lo hago aquí porque la necesidad es muy grande”, dijo don Olman mientras tomaba un descanso luego de predicar por 20 minutos. Distintos puntos de las ciudades del país, especialmente en la capital son tomados diariamente por un grupo de valientes como don Olman, que han decidido salir de su “comodidad” para predicarle a los que transitan cotidianamente por los centros urbanos, quienes además son “los más necesitados de escuchar una palabra de fe y esperanza”. Estos exponentes son hombres, mujeres e incluso niños que han sido impactados por el Señor y movidos a cumplir con la Gran Comisión impuesta por Jesús hablar de Evangelio en todo el mundo. La rutina de cada uno es muy similar a la de los demás, algunos de ellos trabajan medio tiempo y luego de cumplir con sus labores toman su Biblia y se disponen a realizar su gran tarea como cristianos, sin temor o vergüenza alguna y con una mentalidad de Reino siguen ganando las almas para Cristo. La religión, clase social o económica no importan, la calle es el pulpito de donde abogados, oficinistas, vendedores ambulantes, niños, amas de casa y hasta indigentes reciben consuelo y buenas nuevas. Ricardo Retana es otro pastor/evangelista, miembro de la iglesia Casa de Oración, la cual se encuentra bajo la cobertura del pastor Marvin Aguilar. Retana ha tenido la oportunidad de predicar durante 17 años en las calles, cárceles, iglesias, barrios bajos, en fin donde Dios le lleve. “Yo predico donde ya muy pocos quieren…las calles”, dijo el hermano con el semblante un tanto decepcionado. Don Ricardo comentó que desde el segundo día de su conversión a Cristo salió a las calles y comenzó hablar de la Palabra a cuanta persona se encontrara. Ha sido testigo de milagros y considera que poder abrir la boca para decir “Dios te ama” es un privilegio y no un sacrificio. Son aproximadamente 10 predicadores que se encuentran al costado del correo entre doce medio día y seis de la tarde. Se organizan por turnos, cada uno predica alrededor de media hora y luego se alternan, sus mensajes son totalmente Cristo céntricos.
Los riesgos que ellos corren en lugares tan expuestos son varios, pues no solamente han tenido enfrentamientos con la policía, sino también con drogadictos, indigentes, endemoniados (quien se les van encima a golpes, mientras están hablando de Jesús) y con algunos otros cristianos que llegan a pelear y a contradecir lo que ellos enseñan. “Recuerdo que una vez fui arrestado por la policía en Grecia por supuestamente violentar la paz del pueblo, fui llevado con esposas como todo un ladrón, en ese momento recordé el ejemplo del apóstol Pablo cuando fue llevado preso y dije ¡Gloria a Dios!”, comento el evangelista Retana sobre una experiencia personal años atrás. Mariela Corea es una ciudadana que transita por este lugar diariamente y dice que estas personas que predican son valientes he incluso que ella no sería capaz de pararse en medio de la gente y levantar su voz con una Biblia en la mano. “La verdad yo conozco de Dios y voy a la iglesia, pero no me siento aún capaz de predicar siquiera en un bus, estos hombres y mujeres son de verdad un ejemplo pues no solo se enfrentan a los no cristianos sino que también a miembros de la misma iglesia”, dijo la joven quien se dirigía a su trabajo mientras pasaba frente a un predicador. Es un deber del pueblo de Dios Según la pastora de la iglesia Maná Heredia, Sarai Volio, el evangelismo es “el ministerio número uno, el de la reconciliación y está antes que cualquier otro don o talento”. Con estas palabras es claro entonces que sin importar género, edad, denominación o clase social, es un trabajo de todo aquel que se dice llamar cristiano. Que la voz de los valientes de la calle sea cada vez más fuerte con la ayuda de todo aquel miembro de la familia de Dios.
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Pocos son los que alzan su voz por amor
El peligro en la calle