| Los bomberos de la depresión |
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| escrito por Lic. Olman Rojas | ||||||
| viernes, 11 de abril de 2008 | ||||||
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Un payaso es un personaje representado comúnmente con vestimentas extravagante, maquillahe excesivo y pelucas llamativas. Generalmente se le asica con un artista de circo cuya función es hacer reír a la gente, gastar bromas, hacer piruetas, pinturas a los niñós y en ocaciones trucos trucos divertidos. Sin embargo, en algunas culturas, la vestimenta y el maquillaje del payaso denotan una jerarquía desde el maquillaje de vagabundo hasta la cara blanca. También dependiendo en la sociendad donde el arte circense los payasos existen en otros hábitos y temas, sobre todo de la televisión, llevándolos a representar incluso como personas malvadas.
Hoy en todo el mundo encontramos payasos de todo tipo, gente con una genialidad para hacer el deleite de las personas grandes y chicos, todo por amor a los que sufren, a los que padecen tristeza, a los que padecen depresión a los que padecen una enfermedad. Aun mejor, encontramos detrás de todo este arte a seres humanos entregado a Dios, que ven este trabajo como un Ministerio Social que lleva a la gente alegría, ganas de vivir y esperanza para sonreírle a la vida. José Miguel Altamirano empezó a los 16 años a vacilar con su familia, en actividades de cumpleaños, fiestas de fin de año, siempre le encantó hacer trucos de malabarismo para llamar la atención de la gente, además contaba chistes de un libro que tenía para hacer reír a la gente, eso le llevó a ir perfeccionando un pequeño show que tenía exclusivo para su familia y amigos. A los 19 años, mientras estudiaba ciencias de la comunicación en la Universidad de Costa Rica, empezó a hacer espectáculos privados para empresas y fiestas, ya para ese momento tenía su vestuario y de inmediato hacía click con la gente que lo veía; a los 24 años y con una carrera definida decide viajar a la escuela argentina de payasos, donde aprende a ser un payaso profesional. “Nací en un hogar cristiano, por lo que siempre esperé que en mi iglesia me tomaran en cuenta para hacer mi espectáculo con los niños de la igle, lo malo es que pastor no dejaba que nadie hiciera más que predicar desde el púlpito, el tener un payaso haciendo un show, era como una ofensa, entonces pensé que si no podía llevarle felicidad a los niños de mi iglesia, pues lo haría con los niños de la calle así que además de mi show, monté un mensaje evangelístico para niños y padres que me escuchaban” mencionó el payaso Kinqui. Después de muchos años de evangelizar por las calles, barrios, circos e iglesias argentinas decide regresar a Costa Rica, donde tiene 5 años de haber levantado un ministerio bomberos de la depresión, donde varios payasos se visten de bomberos y entran con manguera en mano a hacer las delicias de todos. “Creo honestamente que mi profesión es la comunicación, pero mi ministerio es el de los payasos, pues admito que he visto la manos de Dios actuando impactantemente en niños, jóvenes y adultos, incluso niños que se han acercado con sus padres a recibir a Cristo y gente que me pide que ore por ellos y sin duda yo lo hago” mencionó José. Para nadie es un secreto que, la risa es vida para el cuerpo, pero si a esa risa le aunamos un toque de Dios tenemos una excelente herramienta de alcance para los millones de niños que tenemos en el mundo. Incluso en Estados Unidos existe varios doctores que son payasos, y que además de sus respectivas dosis de medicina ellos les recetan alegría y diversión como payasos, estrategia que dicen algunos es letal para el aburrimiento y la enfermedad. No se poseen datos exactos ni certeros de quién fue el primer payaso de la historia. Sin embargo, conocemos antecedentes muy remotos que nos dan una idea de la existencia de estos personajes en la antigüedad. Hace unos cuatro mil años, en la antigua China, un bufón llamado Yusze, servía en la corte del emperador Chiiu Shih huang-ti, a quien se debe la construcción de la gran muralla china. Desde esta época ya le sería otorgado a este personaje un privilegio que le será reconocido a lo largo de la historia: el poderse burlar del rey, hacerle sugerencias, e influir contundentemente en sus decisiones, aunque este beneficio debía ser ejercido con tacto y cautela, pues de sobrepasarse o equivocarse, nuestro chistoso personaje podía pagar con su propia vida.
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Suelen llevar peluca y zapatos gigantes. Habitualmente usan un traje de colores y tienen la cara maquillada de tonalidades llamativas y la nariz es una pelota roja; así como en la vestimenta existen diferentes tallas y tamaños.