| ¡Auxilio llegaron los huracanes! |
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| escrito por Lic. Pablo Chaves | ||||||
| jueves, 17 de julio de 2008 | ||||||
![]() Los huracanes no tienen misericordia con sus víctimas Científicos pronostican el aumento de fenómenos con el calentamiento global. El continente americano ha venido siendo atormentado por fenómenos climatológicos incontenibles, que van desde tormentas tropicales, ciclones, tornados, hasta huracanes. Todos, en sus diversas presentaciones y características, convergen siempre en un mismo punto: el terrible daño que causan. Si bien algunos han sido más violentos que otros, las ciudades que ven su paso nunca quedan iguales. Ya sea Nueva Orleáns con Catrina, Honduras con Mitch, Cuba con Charlie o Costa Rica con Alma, cada uno de ellos genera espeluznantes recuerdos en aquellos que los han visto pasar.
Meteorólogos y científicos especializados en este tipo de fenómenos naturales vienen pronosticando, ya desde hace varios años, que la temporada de huracanes tenderá a ser más agresiva, intensa y dañina conforme avance esta centuria. Vivo ejemplo fue el 2005, catalogado como uno de los a años más intensos en cuanto a tormentas y huracanes se refiere, esto desde 1851. Los especialistas en la materia marcan el 1º de junio como el inicio de esta mortífera época, y el 30 de noviembre como el cierre, lo cual nos ubica actualmente en momentos clave a nivel climatológico. A pesar de que Costa Rica, en escasas oportunidades, ha sufrido el embate directo de los huracanes o las tormentas, se ve anualmente afectada por estos fenómenos de forma indirecta, lo cual se manifiesta, según el Instituto Meteorológico Nacional (IMN), a través de las marejadas, los vientos fuertes, las intensas precipitaciones (lluvias), deslizamientos e inundaciones, lo cual provoca otra serie de daños colaterales como: pérdida de hogares, aislamiento de comunidades enteras, grave deterioro de las carreteras, colapso de las tuberías entre muchas otras problemáticas. ![]() Entre lo poco que hace el gobierno costarricense es llevar cisternas con agua a las comunidades afectadas Costa Rica recuerda con espanto el terrible paso del César que, en 1996, causó serios daños en la infraestructura nacional y hasta pérdida de vidas humanas, mismo caso que el Mitch en 1998, que se ensañó especialmente contra Nicaragua y Honduras. Meteorológicamente está comprobado que estos desastres no dejarán de ocurrir, sino, por el contrario, aumentarán; es por ello que la comunidad costarricense debe unirse a favor de quienes sean afectados por estos percances con el fin de fortalecernos como país. Recientemente tuvimos el paso de la tormenta Alma, la cual fue la primera de su clase en comenzarse en el pacífico tico. Según el IMN, nunca antes en la historia registrada había “nacido”, en esas aguas, un fenómeno climatológico de esta categoría. El mismo instituto aseveró que, para los meses de mayo, es común la presencia de algún temporal; pero que, para este año, sus efectos se vieron potenciados por la presencia de este fenómeno. Parrita fue una de las comunidades más afectas del país. El desbordamiento de los ríos causó serias inundaciones que han perturbado a la mayoría de sus habitantes. Muchos perdieron casi todas sus pertenencias y hasta sus propias casas; sin embargo, lo peor de todo no ha sido ser víctimas de las pérdidas materiales, sino ser testigos de la ausencia, casi plena de la población costarricense, en el sentimiento de solidaridad. Muchos, quizá concentradísimos en la final del fútbol nacional, no se dieron cuenta de que cientos de familias en el Pacífico no tendrían al día siguiente nada que comer, escuelas donde estudiar, ni camas donde dormir. Responsabilidad de todos Llevaron un equipo de médicos voluntarios para valorar a la gente con necesidades de salud, especialmente en lo que respecta al dengue, ya que los casos, luego de las inundaciones, han aumentado vertiginosamente. También hicieron una tienda con todo tipo de ropa para regalarles a quienes la ocuparan, sin importar si fueran niños adultos o ancianos. Por último, se cerró la actividad con un delicioso almuerzo para cerca de 500 personas de la comunidad, quienes salieron plenamente satisfechas con la atención que se les brindó. Todo esto se pudo realizar gracias a la iglesia El Shaddai de Asambleas de Dios que, con la mejor de las voluntades, abrió sus puertas para bendecir a su comunidad. La pequeña ciudad es todavía testimonio del paso del agua. Aún para la actividad, que fue el sábado 14 de junio, era evidente como el barro llenaba las calles y permanecían algunos pozos de agua como recordatorio del triste episodio. Al preguntárseles a los habitantes hasta dónde les había llegado el agua, la mayoría señalaba la cintura, lo cual evidenció la gravedad de la situación. Un amplio sector lo perdió todo, incluyendo electrodomésticos y muebles. También algunas viviendas quedaron inhabitables a razón de fango y del falseo de sus columnas, en el caso de las que tienen, ya que muchas son de carácter humilde y no posee mayor infraestructura que un cuarto. Prácticamente se las han tenido que ingeniar para sobrevivir por sus propios medios. Si bien los integrantes de la Fundación saben que su esfuerzo no podrá satisfacer a plenitud la enorme necesidad existente, saben que se llevaron la satisfacción de poder transmitir el amor de Dios… al menos a cuenta gotas. Nos falta mucho como iglesia de Costa Rica para hacernos sentir en estos casos. Muy pocas iglesias y denominaciones están organizadas verdaderamente para socorrer a sus hermanos costarricenses en estos casos. Si bien muchas iglesias de la zona están colaborando como albergues para quienes lo perdieron todo, muy pocas del área metropolitana se han desplazado para cooperar. Ojalá que Alma sea la última prueba que necesitemos para reaccionar, porque, con forme aumente la gravedad de los desastres, más ocuparemos de las congregaciones valientes que se atrevan a levantar la voz y las manos para auxiliar a los damnificados.
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