11 agosto, 2020 9:59 am
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Tiempo determinante para Costa Rica

Tiempo determinante para Costa Rica

Hora del despertar de la iglesia

Nunca antes existió un tiempo tan determinante para el país, en los últimos años. Una afirmación fuerte, pero en definitiva, la representación de una gran verdad. Una importante mayoría de las y los costarricenses, muestran un fuerte desencanto por la política, es común escuchar comentarios de que “ya no hay a quién seguir”, “no existen líderes” o “ya no importa quién esté al mando”. Y es que los últimos casos de corrupción que han salido a la luz, generaron un efecto de fuerte aversión en un pueblo que siente dolor por el puñado de malas decisiones que tienen a Costa Rica a la deriva.

Sin embargo, es importante recordar, que los hijos de Dios, siempre tendrán una visión diferente ante las circunstancias, pues no les rige un color político, lo publicado en los medios de comunicación, las decisiones de otros, o más bien, en resumen; no les direcciona lo que ven sus ojos naturales. Quienes realmente han aceptado a Jesús como su salvador, viven, e interpretan los tiempos, de acuerdo a la palabra de Dios, cuya promesa es que será eterna y nunca pasará.

El momento país, que para muchos representa “crisis” o “ausencia de liderazgo”; no es sino, más  bien, el proceso de una –reforma- fuerte y contundente del cielo, que acelerará los diseños de Dios sobre Costa Rica. Nunca antes se contó con dos aspirantes presidenciales, que reconocen totalmente a Cristo como su salvador y abrazan los principios de su palabra, como es el caso de los señores Mario Redondo y Fabricio Alvarado.

Nunca antes, existió un tiempo tan determinante, para definir el futuro de los niños y las niñas, de las familias, de las políticas que abrirán paso a una mejor Costa Rica o le hundirán en un pozo sin salida, hacia un camino que le daría totalmente la espalda a Dios, soltaría su bendición y adoctrinaría a las nuevas generaciones hacia un camino que no tendría vuelta atrás.

¡Iglesia este es el tiempo! Dios está llamando a sus hijos, a lo largo de todo el territorio costarricense, a levantarse, para lo que representará una nueva gran reforma de su Espíritu Santo. Lo que por mucho tiempo el cielo habló, que llegaría días, en los cuales los hijos de Dios, dejarían las cuatro paredes de la iglesia, para insertarse en la sociedad, para llenar con la luz de Cristo esferas de autoridad, para aceptar puestos de liderazgo de alta responsabilidad, con bases sólidas en principio y valores. ¡Ese tiempo llegó! ¡Es hoy! Se necesita de una iglesia que despierte, como aquella que hace 500 años, escuchó la voz de Dios y se levantó para “reformar”, todo lo que no se alineaba al propósito eterno, que Dios había establecido en su corazón.


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