¿Religión o derechos humanos?

 “No es un tema religioso, se trata de derechos humanos”…es la frase comúnmente utilizada por aquellos grupos que sostienen defensa a la llamada,  “ideología de género”. Quienes amparan esta postura, insisten en que el panorama debe analizarse desde el ámbito de los derechos humanos, que el Estado está obligado a proteger legalmente. Sin embargo, utilizando la misma frase y enfocando el punto medular en los “derechos humanos”, es  posible esbozar una serie de puntos, que presentan un panorama completamente diferente.

Para este análisis, es necesario dejar de lado el ámbito religioso, haciendo la salvedad, del conocimiento que todo cristiano posee de que la Biblia es la verdad y lo que enseña la palabra con respecto a este movimiento social es contrario, enmarcándolo como algo absolutamente antitético a la voluntad de Dios.

Volviendo al tema natural de una cosmovisión social que ampara los derechos humanos, si el aceptar la ideología de género es un tema de “justicia”,  surgen interrogantes: ¿Por qué este sector poblacional, insiste en utilizar conceptos e ideas religiosas, amparadas por la ley, con el fin de fomentar sus prácticas? ¿Por qué motivo es necesario acudir al término “matrimonio” para solventar sus necesidades? ¿Cuál es la razón para que el Estado obligue a los padres de familia a aceptar que sus hijos reciban un adoctrinamiento diferente a las creencias religiosas de su hogar?

Es un requisito “Sine quan non”, recordar, que el concepto “matrimonio”, no nació en la legislación inicialmente, este fue instaurado por el cristianismo, establecido bíblicamente; el cual, el Estado decidió abrazar. No fue Montesquieu, ni Rousseau quienes acuñaron este término, sino más bien los seguidores de Jesús de Nazareth (de quien existen registros históricos), quienes pusieron en práctica este modelo.

Es en este momento señores del movimiento diversidad, en que es imposible separar religión de derechos humanos; dividir creencias, bases morales, de egoísmo y presión de grupos con alto poder adquisitivo. Es en esta instancia, cuando no sólo se desea utilizar conceptos cristianos con el fin de aprobar sus ocurrencias, sino además se comete un arbitrario atropello a los derechos sociales y de libertad de culto que estable la Constitución Política de la nación.

Hoy en día se vive en una sociedad que desea aplicar el relativismo a todo; sin embargo, cuando sus intereses se ven en peligro, renuncian a ser “relativos”, alegando que si merece la pena ser contundente.

Todo lo anterior hace que surja una nueva interpelación: ¿Qué grado de victimización ocupan las comunidades que defienden la ideología de género? Pues en este punto, es claro que su papel se ha transformado de ser víctimas de una sociedad que les rechaza, a transformarse en victimarios que desean imponer sus puntos de vista a toda costa.

Es entonces en este momento, cuando se llega a la conclusión: ¡Si! es un tema religioso y ¡si!, también es un asunto de derechos humanos; y tanto el cristianismo que se manifiesta en contra de la diversidad sexual, como quienes apoyan este movimiento, están viendo atropellados sus derechos.  No son mecanismos unilaterales, los que pueden solucionar y consensuar ante este panorama y no son las imposiciones y represiones las medidas que representan una democracia como la costarricense (porque algunos olvidan sus raíces y pretenden insertar la idiosincrasia Europea).

Cómo es que a un argumento sin respaldo científico contundente (que respalde la predisposición genética al cambio de género), se le puede permitir transformar por completo el rumbo de una sociedad. Prácticas que inclusive, ponen en riesgo el futuro socioeconómico de la nación, pues anulan la capacidad reproductiva, ante una población que cada vez ve incrementar el número de adultos mayores y disminuir la tasa de natalidad.

La comunidad LGTBI ha sufrido maltrato y desprecio, es una realidad. Incluso, con dolor, es posible reconocer, que en ocasiones ha venido desde el mismo pueblo cristiano, por ignorar que Dios aborrece el pecado, pero ama y seguirá amando al pecador. Empero, pese a esto, el pueblo cristiano de igual forma sufre discriminación, agresión y persecución a diario; es posible entenderles, no obstante, esto no brinda el derecho de violentar las creencias y costumbres de los demás.

La sociedad costarricense debe informarse, no solamente dejarse llevar por los “Trending topics” de internet, o lo que presentan las redes sociales. Es urgente una postura imparcial, que permita poner en balanza ambos puntos de vista, con el fin de elegir el mejor rumbo para una nación  que es cobijada bajo la consigna de que “vivan siempre el trabajo y la paz”. Es por esta razón que es necesario instar a los integrantes de la comunidad LGTBI a levantar el respeto y la tolerancia como su bandera y a comprender que no sólo sus necesidades existen, por lo cual no deben sentirse ofendidos porque alguien exprese con vehemencia una postura diferente a la suya, amparados por el artículo 29 de la Constitución Política, que defiende la libertad de expresión, sin represión ni mordazas.


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